Buenos días y bienvenidos a la ironía que le pongo al día a día, para que pese menos...

jueves, 6 de octubre de 2011

La vida 5.0 (y la cantidad de enemigos que me voy a ganar)

Creo que no hace falta aclarar que estoy muy lejos de tener mi propio libro de caras (mal llamado ‘Facebook’ por un par de personas, miles más, miles menos) y mi propio gorjeador o pio-piador (sí sí, twitter no tweety). No los entiendo, no me entienden a mí, no nos entendemos ni nos hacemos falta.
Tampoco hace falta aclararme a mí misma que estas dos ‘herramientas informáticas’ son muy usadas hoy en día y que mucha gente no puede vivir sin ellas. No cuestiono eso, quizá si les encontrara utilidad, las tendría. De hecho, tengo una cuenta de libro de caras, que de vez en cuando abro para publicar algo del blog, pero que no es muy visitada ni me cambia demasiado la vida.
Sé que si tuviera mi cuenta de gorjeo estaría tres veces más loca de lo que estoy, porque viviría indignándome con peleas pelotudas que tiene la gente –mayormente de la farándula- por temas bastante intrascendentes. Y para escuchar ese tipo de peleas o ‘discusiones’ en el mejor de los casos, prendo el televisor y me lleno el alma de boludeces.
Ahora, un libro de caras es todo un tema y si encima es público es un temaso! No puedo imaginarme publicando fotos de mi vida privada y mucho menos, comentando esas fotos. Ni que hablar de estar tan al pedo como para ponerme a escribir “tomando mate” o “caminando con amigas” o “cenando con mi novio” o “leyendo un libro de geografía”. Se me ocurre que una persona que publica tanto dato de su vida no tendría problema en abrirle la puerta de su casa a cualquiera y brindarle una guía turística de sus emociones, sus relaciones, sus alegrías y sus tristezas. Y me resulta triste que alguien pueda necesitar abrirse tanto a los demás. Digo “abrirle la puerta a cualquiera” porque cada uno tiene una red de amigos, que a su vez tiene amigos, con amigos de amigos de amigos. Por lo que, en 5 minutos tu libro de caras puede tener 500 contactos, pero vos solo tenes relación directa con 15 como mucho. El resto es relleno, chusmerío, ganas de que te vean los conocidos o los amigos de los tíos de los hermanos de los primos de la vecina de algún ex.
Es decir, si yo estuviera tomando mate, estaría tomando mate. Si estuviera caminando con amigas, estaría charlando con ellas, interactuando con ellas. Si estuviera cenando con mi novio, estaría charlando con él, riéndome, compartiendo lo que hago con él y si estuviera leyendo un libro de geografía, mínimamente estaría concentrada. Además, si estoy con esa gente a la que quiero y que me quiere, ¿a quién sorete más le puede importar lo que yo esté haciendo?
Y por otro lado, toda esa gente con la que estoy compartiendo ese momento en el tiempo, ¿sabe que estoy haciendo público lo que estoy haciendo? ¿Sabe que estoy conectada a un dispositivo a través del cual miro lo que otros hacen y cuento lo que hago, que involucra a otros?
Ese otro, ¿quiere formar parte de la publicidad que yo hago de mi vida? Sinceramente, me resulta una cagada atómica pasar a formar parte de la publicidad que un tercero hace de su vida, involucrándome. Por algo no tengo mi libro de caras.
Además, en serio, ¿a quién le importa realmente si estoy tomando mate o estoy laburando o estoy cenando? Tendría que importarme a mí y a los que están conmigo. Los que estén prendidos a su libro de caras a cualquier hora, mirando lo que otros escriben en sus libros de cara, evidentemente tienen mucho tiempo de sobra y muy pocas cosas para compartir con gente ‘en vivo y en directo’ o se coparon con la idea de que todo el barrio sepa a qué hora se van a tirar el próximo pedo.
Sinceramente no me interesa demasiado el porqué de tanta publicidad, más bien me da un poco de tristeza. Ojo, mucho más triste debe ser estar frente a un monitor clickeando el mouse en “Me gusta” a todo lo que publican otros. Eso sí que es miseria pura. Pero bueno, para levantar el ánimo está mi blog, siempre pum para arriba, innovador y cero marquetinero.
De última, cada culo en su inodoro ¿no? Y, nuevamente, “to another thing, butterfly”.
 


jueves, 29 de septiembre de 2011

Otras razón más, y van…

Ayer, camino a mi clase de yoga, (porque yo también hago cosas cool y de moda, pero las hago desde antes de que se pusieran de moda y si hubiera sabido que se iban a poner de moda, ni me molestaba en empezar) tropecé con un episodio que podría ser revelador o auspicioso.
Bajé del colectivo a los zarpazos, como suele suceder a la hora en la que todo el mundo sale de sus trabajos. La gente va en el colectivo amontonada, malhumorada y olorosa. Yo no soy la excepción en las dos primeras cuestiones. Pero siempre perfumadita, como corresponde.
Caminé una cuadra por la avenida, tranquila en el andar y muy cansada por falta de sueño acumulada. Algún día voy a ordenar mi vida así como ordeno cajones y placares y voy a dormir, al menos, 7 horas y media de un tiro. Al llegar a la esquina doblé a la derecha y casi a mitad de cuadra había un jardín de infantes.
Los jardines de infantes -que últimamente de jardines no tienen nada porque son cuadrados de cemento con un infaltable televisor salvador de maestras- parecen tener el mismo horario que las oficinas. Con lo cual no pude evitar la salida de muchos niñitos que gritaban y correteaban en busca de sus madres.
Y he allí la revelación: si tengo un hijo, no solo voy a tener que bancarme 9 meses de incomodidad absoluta y de miles de personas conocidas y desconocidas intentando tocar MI panza. También voy a tener que acostumbrarme a ver un elefante en el espejo, a estar vestida siempre con la misma ropa gigante, a dormir incómoda (más aún) y a varias cosas más. En mi afán de buscar algo, lo que sea, que conmueva mi alma y me permita imaginarme con un crio en brazos en algún futuro, el destino no deja de darme pistas en contrario. Por eso, no puedo leer los eventos como positivos y auspiciosos. Si tengo hijos, voy a tener que soportar a las madres de los compañeritos de cualquier actividad que mis hijos emprendan. ¡Oh, por Dios! Solo por eso estoy dispuesta a desistir de la idea de la maternidad para siempre. Va a haber muchíiiiisimas madres como mi compañera de oficina, muchísiiiimas al estilo “conductora de programa diario que repasa lo que se bailó en otro programa la noche anterior y que también conduce concurso de canto y que me enerva en su forma pelotuda de hablar”. Eso, sobre todo, va a estar lleno de pelotudas que hablan constantemente en diminutivo, como si sus hijos y sus amiguitos y las familias de estos últimos no pudieran entender un diálogo normal, en el que los adultos hablamos como adultos y los niños como niños.
Va a estar lleno de mujeres que quieran meterse en mi vida, en la forma en la que decido criar a mis hijos, en lo que les doy de comer y, peor, lo que no les voy a dar de comer. En el partido político de la madre y el padre, en todos los NO que van a reinar en la casa en la que las reglas las voy a poner YO.
Por ejemplo, en este momento mi compañera habla sola de su “cuchuchú”, como si la insoportable de su hija fuera un peluche. ¿Para qué sorete le pusiste nombre si le vas a llamar de esa manera espantosa? ¿Cómo hago para no mandar a la reverenda mierda a una madre como ésta el día de mañana? Tener un hijo para verlo los fines de semana en la cárcel no es lo más copado para el niñito.
Me lo imagino como una pesadilla dentro de una pesadilla. Imposible, no hay manera. Prefiero lidiar con el veterinario analizándome en función de las dolencias y problemas que tenga mi gato, total el animal no habla, no puede contar nada de lo que pasa puertas adentro, no puede quejarse de la comida que le doy y de las veces en que no dejo que salga al patio. Un par de gatitos más cuando me mude a un nuevo hogar y ‘to another thing buterfly’.
 

martes, 27 de septiembre de 2011

No es lo mismo un pájaro loco que un pajero loco...

No soy sexista. Lo busqué en el diccionario y el “sexismo” (no sabía que existía esa acepción de la palabra) es la discriminación de un sexo. Yo no soy discriminadora, solo separo a los pelotudos del resto de los mortales.
Últimamente me están quedando muchos de un solo lado, pero parece que la ley de gravedad funciona bien, porque el planeta tierra por ahora no parece estar inclinándose.
El sábado me junté con una amiga. Charlamos y me contó algo que me resulta bastante común en los hombres. Ella quería abrir un blog para poder hacer pública su ira, pero yo le prometí que me iba a hacer cargo de darle un lugar a su indignación. Mi amiga es una profesional de renombre y re-apellido. Está cursando un posgrado y suele visitar la biblioteca  de la institución (aunque Ud. no lo crea, todavía existen esas personas) para poder obtener material de estudio. En una oportunidad se cruzó con un tipo con el que coincidió más adelante y ambos se dieron cuenta de que sus horarios de clase y sus rutinas eran parecidos. A este tipo lo voy a llamar el “pajero loco”, ya que mi amiga lo describió como un pájaro árabe, con una nariz muy típica y una cara de pájaro terrible y porque luego yo decidí que el tipo es un “pajero”, con el perdón de la gente a la que esta denominación pueda herir en su susceptibilidad.
El “pajero loco” se encontró con mi amiga en la fila de la biblioteca, luego en la entrada de la Institución y luego en la calle. Cruzaron un par de palabras y él propuso tomar un café, teniendo en cuenta que los dos tenían una “hora sándwich”. Pegaron onda, pero onda de la que no tiene contenido sexual, de esa onda linda en la que uno reconoce en el otro muchas cosas compartidas, desde lugar de nacimiento, pasando por lugar de vacaciones, gustos, experiencias, boludeces no tan boludas... Se rieron, la pasaron bien y se tomaron un café. Listo, asunto terminado y cada uno a seguir con lo suyo. Él aportó datos no necesarios a la hora de tomar un café en una “hora sándwich” como que es casado y que tiene dos hijos. Ella no aportó muchos más datos personales que los circunstanciales de tiempo y de lugar. Y cuando hablo de circunstanciales, no me refiero a todos los terminados en “mente” que nos enseñaron en el colegio, porque si hay algo que el “pajero loco” justamente no usó, fue su mente. Me refiero a circunstancias que tienen que ver con la razón que los cruzó, es decir la profesión de ambos, los temas de estudio y las coincidencias graciosas. De esos sí aportó ella, del resto no había porqué hacerlo.
Pasaron dos semanas, mi amiga se acordó de la coincidencia en los horarios y los tiempos y pensó en decirle al “pajero loco” de volver a compartir un café en la “hora sándwich”. ¿Por qué no?, pensó, si él la había invitado la vez anterior (invitación verbal, dejando de lado quién paga y quién no, que no viene al caso) ella podía hacer lo mismo ahora.
Así es que se lo cruzó, ella subía y él bajaba, siempre siendo la biblioteca el punto de partida o llegada y ella sugirió el “hacer tiempo” con un café y él aceptó. Se reunieron en la puerta y caminaron hacia el café. Cuando se sentaron, él abrió su celular y mostrándole unas fotos, le dijo: “Mirá, estos son mis hijos”. Mi amiga miró las fotos y no pudo ni decir “qué lindos son” porque hubiera mentido. Se quedó medio desorientada, pidieron café y la “hora sanwich” transcurrió. Solo que esta vez transcurrió en medio de un clima de tensión y con mucha “medida” por parte del “pajero loco”. Ya no se rieron tanto, ni charlaron tan sueltos ni desprejuiciados como la vez anterior. Mi amiga me contó la situación y no pude más que reírme. Decidí contarle lo que yo había escuchado de lo que ella me había contado, para que entendiera el porqué de mi risa:
Te cruzas con un tipo, que tiene su sexo en la frente el 99 % de las oportunidades. El sexo se les esfuma de la cabeza cuando se casan, pero hasta que no firman lo tienen ahí, entre los ojos.  
Te invita a tomar un café, se da cuenta de que tiene onda con vos y no sabe bien qué va a pasar -si es que pasa algo- pero disfruta del momento y de las coincidencias y la pasa bien. Quizá hasta fantasea con cosas de las que vos jamás te vas a enterar, porque él es un “pajero loco”. Pero te insinúa boludeces descolgadas como “en un pueblo como en el que yo nací no podría estar tomando un café con vos”.
Vos en cambio tenes una “hora sándwich” y conoces a un tipo con muy buena onda que también tiene una hora sándwich y te invita a tomar un café. Van, charlan, se divierten, la pasan bien y listo. El error que vos cometes es el de invitarlo la siguiente vez. En la cabeza del “pajero loco” tu invitación es un avance y entre que le decís de tomar el café y el momento en que efectivamente se sientan, el “pajero loco” se pasa una película entera en la cabeza. Piensa en qué te pasará a vos, en si hay un telo cerca, en cómo le va a hacer ‘esto’ a su mujer, que es su novia del pueblo desde la secundaria, en las ganas que tiene de ponerla y en millones de cosas más. Se caga en las patas y antes de pedir el café, te pone la tapa con la foto de los nenes. Él necesita un freno para la cantidad de boludeces que pensó en los últimos 10 minutos o quizá en las últimas semanas y como no sabe cómo carajo impedir que te tires encima de él –que ciertamente con su cara de pájaro árabe es irresistible-, te muestra las fotos para conmoverte y para evitar que des un paso más y que él termine cediendo a tus encantos.
El problema es que la película se la hizo él solo, vos solo fuiste a tomar un café y de onda, sugeriste una segunda taza en un segundo cruce. Entonces cuando el “pajero loco” te muestra las fotos, vos sabes que ahí se terminó la posibilidad de encontrar a un amigo circunstancial con el cual compartir un par de cafés más, mientras dure lo que dura el posgrado y no –como él aventuró- una amante, mientras dure lo que dura dura.
Detalle: luego de una “hora sándwich” tensa, distante e impuesta por su actitud pelotuda, te pide tu número de celular para pasarte el nombre de una película que quiere recomendarte. No me digas, haceme caer de culo de la risa. Es la única forma que el “pajero loco” encuentra para poder seguir viendo la película esa que se hizo.
Quizá en este momento se esté arrepintiendo de haber puesto la tapa, mientras vos ya estás pensando en que con los días lindos por venir, la heladería va a ser un excelente lugar donde pasar tu “hora sándwich” en compañía de un buen libro.


viernes, 23 de septiembre de 2011

Cómo vender un monitor y no morir en el intento

Vendí el monitor, el título es bastante elocuente. Decidí utilizar esta herramienta increíble que ha venido en llamarse internet y los sitios que sirven para comprar y vender cosas nuevas y usadas.
Había hecho una mala compra. Me habían engarzado con un monitor que un buen día decidió que ya estaba cansado de funcionar y nunca más prendió. Estuvo un tiempo juntando tierra, pero como ya había un par de cosas más en el departamento que cumplían con la función de juntar tierra, decidimos deshacernos de él. Digo “deshacernos” porque la decisión fue familiar.
De común acuerdo realizamos la publicación en internet y dejamos que entre los interesados se “mataran” y que ganara el que más quisiera pagar por él. Hasta ahí no hay nada copado para contar o por lo menos a mí me parece una transacción que no merece la pena tener un espacio tan especial como este. Pero luego vino la comunicación con el comprador, la entrega y el pago y ahí sí se pone buena la cosa.
Debo aclarar antes de seguir con el relato, que además de odiar a la gente, soy una persona bastante perseguida. Todo el tiempo me persiguen. Eso se lo puedo adjudicar a mi belleza, a mi fama y en algunas ocasiones (las menos) a mi locura. La cuestión es que siempre siento que me persiguen.
Volviendo a la transacción, el mismo día en que se efectivizó la venta yo no me acordaba que terminaba y no estaba pendiente del monitor. Lo tenía como parte del decorado, esperando a que alguien lo adoptara y pasara a mejor vida. Sola, en casa, suena el teléfono y no reconozco el número del cual llaman, pero supongo que es el amor de mi vida. Error, la voz era la de un hombre, pero no era el hombre al que yo esperaba hablarle. Me dijo que había comprado el monitor y que quería pasar a buscarlo al día siguiente. El día siguiente era domingo, olvidate pibe. Entonces el lunes o el martes o el miércoles… y yo hasta el jueves no podía. Medio a regañadientes aceptó que le entregara el monitor el jueves y me dejó su número de celular para comunicarnos. Me pidió el mío, pero no le di el número que uso -el titular-, si no el de un celular “suplente” que tengo, por si me quería perseguir.
El lunes me escribió al suplente preguntándome si podía pasar el martes. A ver, ya te expliqué que no. ¿Crees que por ser mujer cambio de opinión cada 5 minutos o digo no cuando quiero decir si? Pues no, mi lado masculino me permite decir exactamente lo que pienso. Entonces, no es no.
Llegó el miércoles y tuve que embalar el monitor. El pibe me dijo que venía en moto. ¿Por qué me habrá dado ese dato? No lo sé, pero no me gusta nada. Embalé el monitor con mucho nerviosismo y decidí no pensar más en el tema para no ponerme peor. Llegó el jueves y yo estaba lista con mi monitor a cuestas. El desafío era llegar a la oficina con él y entregarlo. A mi casa no iba a ir ese desconocido. Decidí tomar el colectivo que me deja a 2 cuadras de la oficina.
Primer obstáculo: subir a un colectivo de línea con un monitor
Segundo obstáculo: pretender que lo que hay adentro de una caja de monitor, no es un monitor. Esta táctica se debe a que 1) quiero evitar que me digan que no puedo subir con eso al colectivo y 2) quiero evitar que la gente se dé cuenta de que llevo un monitor.
Eventualmente, todo aquel que viera la caja debía interpretar que el monitor era usado y estaba roto, para minimizar el hecho de que yo tenía un monitor en mi poder. Sí, todo el mundo me presta atención a mí, nadie tiene nada mejor que hacer ni nada mejor en qué pensar.
Fue duro, me paré en la mitad del colectivo, cerca de la puerta y me quedé dura como un árbol, con la caja del monitor entre mis piernas. En más de una oportunidad pensé que quizá ese no era el mejor lugar, por la cercanía a la puerta. Mi miedo era que me robaran un monitor usado y sin andar y que luego intentaran rastrearme para cagarme a palos, por haberse llevado tremendo fiasco. Empecé a respirar de manera normal, ya habíamos recorrido (el monitor, los que me persiguen y yo) la mitad del camino y solo faltaba llegar a la parada, caminar 2 cuadras y entrar a la oficina.
Tercer obstáculo: el colectivo se desvió del recorrido. Oh my God!!! Entro en pánico, qué está haciendo chofer?!!! No ve que me persiguen!!!
Me calmé, me dí fuerzas y me dije a mi misma que hay cosas peores. Una cuadra y media antes de llegar a la parada sonó mi celular titular. No sé por qué atendí.
Cuarto obstáculo: Era mi suegra! No, no puedo hablar!! Pero ella no podía entender la situación por la que estaba pasando y hablaba igual. Logré patearla para más tarde y llegamos a la parada.
Bajé, tenía 7 cuadras hasta mi destino final. Así lo pensé  en ese momento y me dije “como la película, hacia ¿la muerte?” y no conseguía calmarme! Iba con la caja en la mano derecha, simulando que no era una caja de monitor la que cargaba y mucho peor, simulando que dentro de la caja del monitor no había un monitor. Caminando y pensando llegué a la conclusión de que el dato que me había pasado el comprador era fundamental. No me había avisado que iba en moto para que le embalara bien el monitor. Me lo había dicho para que abriera mis ojos, cualquiera de las motos que andaban por el centro ese día podía ser él. Cualquiera podía arrebatarme el monitor y hacerme pito catalán. Entonces morí de miedo. Cambié la caja de mano, haciendo de cuenta que no pesaba nada y llegué casi corriendo a la oficina.
Ufff, respiré. A los 10 minutos me avisó el comprador que estaba en la puerta. Bajé a la recepción y había un hombre de espaldas, seguramente cuando se pusiera de frente a mí tendría una bomba molotov que haría estallar el edificio para poder llevarse el monitor usado y roto. Igual me arriesgué, abrí la puerta y le dije “entrá”. Metió la mano en su bolsillo y sacó… la billetera. Me pagó, tomó la caja y se fue.
Esta vez pasa, esta vez no pasó nada porque sabían que iba a publicarlo en el blog. Pero sé que me persiguen y ¿saben qué? No van a poder conmigo.
 

domingo, 18 de septiembre de 2011

Me cago en la gente

Llega un momento en que no se me ocurre plantearlo de otra manera. Es así, me cago en la gente. Peor sería querer salir a golpearlos, porque ya me estaría exponiendo a encontrarme en medio de alguna situación que podría hasta terminar en alguna comisaría y la verdad es que no vale la pena por tan poco.
Si lo pienso bien, la afirmación correcta es “la gente se caga en mí”. Y eso es mucho más grave que el hecho de que yo me cague en la gente desde la palabra, porque la gente se caga en mí desde los hechos. Para que se entienda bien y yo justifique mi ausencia prolongada -cuando en realidad desaparezco si se me canta- explico lo que estoy pensando para terminar la afirmación con la que inicié el post.
Hace unas semanas que asisto a distintas reuniones, seminarios, congresos, cursos y demás lugares en los que la gente es de lo más variada y pelotuda. El material para el blog sobra, lo que me falta es tiempo para sentarme a expresar la cantidad de odio que puedo juntar por día.
Sin ir más lejos, cada mañana me preocupo por levantarme a horario, salir a horario y llegar a horario. Y cada mañana me repito “qué pelotuda sos” cuando me veo sentada en un auditorio vacío a las 9 am, hora en la que nos citaron  y hora a la que nadie llega. Entonces me cago en la gente que se caga en su prójimo y llega a la hora que quiere. Las excusas son siempre las mismas; el tráfico, el nene/la nena, el colectivo o la nada misma. Mis pensamientos siempre responden de la misma manera a ese par de excusas pelutodas: me cago en la gente. Si yo me pude levantar temprano y ver en el informativo o escuchar en la radio que X calle iba a estar cortada o que X servicio no iba a funcionar,¿por qué sorete te tengo que esperar a vos que sos un pelotudo y que siempre llegas tarde? A mi no me quieras vender la excusa pelotuda del tráfico, porque tráfico hay todos los días flaco y si ves que podes llegar tarde, salí antes y dejate de joder!
La otra muy usada y que me hincha más las pelotas es la de los nenes y el jardín de infantes, la guardería o el colegio. Loco, los establecimientos educaciones abren a las 7.30 am, justamente para que los padres pelotudos puedan llegar a horario a sus lugares de trabajo, seminarios, cursos o lo que sea. Si tu nene se durmió, vomitó, no se quería quedar en el colegio y a vos te dio pena, a mí me importa un huevo. Yo no tengo hijos, ¿sabes? Y no puedo poner esa excusa pelotuda de adulto irresponsable. ¿Sabes qué hago entonces? Me levanto con el tiempo suficiente para no llegar tarde. Yo no me cago en la gente, entonces si me quedo sin desayunar porque no me alcanza el tiempo, me jodo. Pero no te jodo a vos, porque yo no me cago en la gente. ¿Se entiende o le pedimos a tu nene que está en el jardín que te haga un dibujo?
Me pasé una semana entera llegando a horario y una semana entera puteando porque la gente llega a la hora que se le canta. Lo peor no es que lleguen tarde. Lo peor es que llegan con sus putos blackberrys prendidos. Y esos aparatos de mierda hacen más ruido que U2 desde La Plata y todos tenemos que escuchar la canción que el pelotudo que se caga en la gente eligió de ringtone. Creo que esta semana que pasó escuché los ringtones más pelotudos que puedan existir. Cosas del estilo "Atendé que te estoy llamando!" y muchos más lugares comunes convertidos en canción o frase pelotuda. No solo suenan, si no que además los atienden. Hablan creyendo que nadie los escucha, en el medio de un seminario en el que hay una persona disertando acerca de un tema que a MI me interesa mucho más que tu conversación de mierda con la maestra del nene, que te dice que le duele la pancita y a la que yo escucho 3 filas más adelante, porque el volumen de tu teléfono está bien alto, para que lo escuchemos todos. Ya no existe ese pudor de quien se olvidó de apagar su teléfono y que, al sonar, lo apaga y pide disculpas. Ahora todos atienden, todos hablan desde su asiento o se encargan de caminar por todo el auditorio a los gritos, diciendo "estoy en un seminario, no te puedo atender". A ver forro, decime una cosa, si no podes atender, ¿para qué sorete dejas el teléfono prendido? ¿Para decir que no podes atender? Si fueras importante para alguno de los presentes, estarías como disertante. Y estás ahí sentado rompiéndoles las pelotas a todos.
No va a faltar la pelotuda de tacos bien altos que llegó tarde, te pide permiso para sentarse en tu fila cuando hay un montooooon de filas vacías, te responde con cara de "sorete" cuando le pones tu mejor cara de orto porque interrumpe tu atención y encima, te pisa con ese taco de mierda y se sienta a escribir mensajes desde su celular con teclado ruidoso. El "bip, bip" del teclado te pone de los pelos, no puede ser que haya gente que se cague tanto en la gente.
Y como corolario para un día que se convertirá en semana de pruebas a tu paciencia, la gente se para antes de que el disertante termine de hablar. ¿Por qué? Porque afuera sirven café y tortas gratis y la gente con lo gratuito y lo masticable se descontrola. Te empujan, te pasan por delante como si no te vieran, se paran frente a la mesa de las tortas y se quedan como estatuas, metiéndose la mayor cantidad de torta posible en sus bocas y sosteniendo un nuevo pedazo en su mano, que deglutirán con un sorbo de café ruidoso y a tono con la situación. Entonces, resumiendo; sí, yo me cago en la gente. La gente se caga en mí. La semana es una cagada, así es que váyanse todos a cagar.

No puedo, no puedo, tengo que estudiar.

Estudiar por interés es fabuloso. Uno se sumerge dentro de alguna página de un libro y puede quedarse allí todo el tiempo que lo desee.
Estudiar para un examen es una auténtica cagada. Uno no puede sentarse ni cuando siente que el examen se le viene encima y no ha tocado un puto apunte. Esta es la época del año en la que empieza a definirse el futuro de cualquier estudiante. Las materias se rinden y se promocionan o se va a final. Yo no tengo final, tengo parciales.  Los apruebo o los repruebo. Es instancia única y no tengo más opciones que aprobar.
Por otro lado, tengo demasiados años de facultad encima, por lo que estudiar me tiene las pelotas llenas y no veo la hora de que el fin de semana y las tardes libres de la semana sean para mí y no para los libros.
Además, al tener que estudiar materias que no me mueven un pelo y que son muy distintas del resto de las materias que me gustan, estudiar es menos motivante que vestirse a las 3 de la mañana para ir a ver a la mascota enferma de un vecino que se mudó a otro barrio (pensándolo bien, prefiero estudiar!).
El estudio se convierte en un ritual en mi vida. La semana anterior a aquel sábado en el que apoyaré mi poto y posaré mi vista en los apuntes, la vivo con una planificación casi perfecta y hasta placentera. De lunes a viernes organizo mi agenda, ordeno los apuntes y busco el material que me falta. Preparo marcadores, lápiz y lapiceras y aviso a todo el mundo que el fin de semana voy a estudiar. No pienso levantar el teléfono cuando suene, ni perder un minuto viendo a nadie y menos aceptaré ninguna salida, aunque sea hasta la esquina. El viernes a la noche puedo estar hablando por teléfono hasta última hora, ya que es sábado no podré hacer otra cosa que adquirir conocimientos.
Y llega el sábado esperado y hasta soñado, porque será el día a partir del cual me convertiré en una persona más culta y más preparada.
Suena el despertador a las 7.30 am y decido apagarlo y dormir un rato más, porque total tengo todo el fin de semana para estudiar. A las 11 de la mañana me doy cuenta que dormí un poco de más y me levanto apurada para recuperar el tiempo perdido. Desayuno mientras dispongo las fotocopias en la mesa y las miro. Termino de desayunar y creo conveniente bañarme, porque si me pongo a estudiar e interrumpo mi concentración para bañarme más tarde, va a ser más difícil todo el proceso pre examen.
Mi baño tomará más tiempo que el usual, porque el sábado recién empieza y necesito estar relajada para poder leer todo el material. Luego de bañarme, depilarme, pintarme las uñas, encremarme y hacerme el baño de crema, me pondré un par de pantalones y una remera y estaré lista para empezar. Mmmm, pensándolo bien, unos mates no vendrían nada mal. Y pongo la pava en el fuego y veo que detrás del secaplatos hay una manchita. Llevo el mate a la mesa, empiezo a leer y a los 5 minutos me interrumpe la manchita. No la puedo dejar ahí, la tengo que quitar. Me levanto entonces y voy por el limpiador y el trapo. A la hora y media la cocina está impecable y los apuntes sin tocar. Está bien, todavía hay tiempo para estudiar. No almuerzo nunca, pero para poder tener la mente dispuesta tengo que estar bien alimentada. Así es que leo dos hojas y me levanto de vuelta para cocinar. Ya que estoy puedo preparar un par de comidas para poner en el freezer, así en la semana solo caliento lo hecho y pierdo menos tiempo, porque en la semana siempre ando a las corridas. Y las plantas están medio secas, así que las riego y ya que estoy barro el patio porque la proximidad de la primavera deja todo a la miseria. Miro los mails, me fijo si hay alguna película para bajar para la noche (porque tampoco voy a estar estudiando hasta las 4 de la mañana, si con todo el día está perfecto). Ya que barrí, podría pasar un trapo y baldear el patio para que quede bien limpio.
Primero almuerzo, después paso el trapo y para terminar limpio toda la cocina y freezo todo lo que cociné. Qué tarde se hizo, ya son las 3 y me siento a estudiar porque no voy a terminar nunca. Prendo la tele, total la pongo bajito y no molesta. Dan un programa que se llama “Qué fea es tu casa” y la mujer que vive ahí es una ridícula de mierda que tiene todo decorado con leopardo de varios colores y no quiere tirar nada. Horrible, le arreglan la casa, pero no se la dejan re linda y yo me enganché una hora con un programa de mierda que jamás hubiera elegido ver en otra circunstancia. Cambio. Empieza una receta de un budín que nunca voy a hacer, pero que está bueno saber cómo se hace. Cambio. Concurso de belleza de nenas de 2 a 8 años, todas pendejas insoportables y super maquilladas. Cambio. Futbol. Apago. Leo 5 hojas, los textos son re densos. Podría hacerme un café para no dormirme. Me levanto y me preparo el café. Ya que estoy pongo la ropa a lavar. Me siento con el café y leo 5 hojas más. Me acuerdo que tengo las zapatillas sucias. Me levanto y voy al placard a buscarlas. Termino lavando mis tres pares de zapatillas, porque saber que están en el último rincón del placard no me deja concentrarme y estudiar. Me había prometido que a las 5 iba a hacer un recreo. Son las 5, me acuesto a mirar tele un rato. Me quedo dormida. Me despierto casi a las 7. Hago unos mates y ya me pongo a estudiar. Pero antes prendo la tele, dan una película argentina muy bizarra, está buena. La miro de reojo mientras leo las fotocopias. Subrayo mientras miro tele. El lavarropas! Me levanto y cuelgo la ropa. Ya que estoy, guardo las cosas que quedaron en el secaplatos. Abro la heladera y pienso qué puedo cenar. Se hacen las 8, mejor ceno temprano así me acuesto temprano y mañana puedo aprovechar el día para estudiar. A las 11 me voy a la cama, miro una peli y hago zapping y a las 2 me quedo dormida. Domingo, suena el despertador a las 7.30. El resto es repetido. Siempre, inevitablemente, habrá algo mucho más importante que estudiar. Estudiar es un embole, que te examinen es un embole. ¿A quién le sirve estudiar solo para saber ese día?
Pero el lunes cuando me pregunten qué hice el fin de semana, repetiré de memoria "me quedé estudiando". Es la historia de nunca acabar. No me digas que nunca te pasó.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Como vendedora sos una excelente adjetivadora

Me llama una mina a la que inmediatamente tengo que etiquetar: una pelotuda. Me dice que es de la firma X y que está devolviendo un llamado que yo le hice. Le pido que me dé más datos, porque no la ubico y enfatiza el hecho de que yo le dejé un mensaje para que me llamara, como si le molestara que no la recuerde. Le aclaro entonces que el llamado se lo hice hace más de una semana, para marcarle la demora y se hace la pelotuda y me dice que no recuerda cuándo la llamé. Es una linda forma de ubicar a los pelotudos en su lugar, te haces la canchera y te paso con una topadora. Ahora, si sos amable, me quedo en el molde. Bueno, lamento decirte que no me resultaste amable, así que te paso con la topadora.
El motivo del llamado es informarme que está mostrando una propiedad que me interesa. Me recuerda el domicilio en el que se ubica y comienza a describir el lugar. Me dice que tiene ambientes amplios, que es así y asá y me dice todo el tiempo que “habría que hacerle esto y aquello”. En determinado momento la interrumpo, de manera casi abrupta y le consulto “Cuando me decis que ‘habría que hacerle…’ ¿tengo que entender que lo tengo que hacer yo?” y ella, como si fuera una obviedad, me responde que “por supuesto” corre por mi cuenta el arreglo de lo que no está bien en la propiedad. Claro, tendría que haber inferido la obviedad, porque como me estás por regalar la propiedad, lo menos que puedo hacer es arreglarla, ¿no? Ah, no, la propiedad cuesta un huevo y encima yo le tengo que poner guita arriba, ¡qué lindo paquete que me ofreces!
Me dice que a ella no le gusta mentir, lo que a mí me importa tres carajos y medio porque ni sé su nombre –excelente vendedora, ni se presentó, solo dijo para quién trabaja- y que a la propiedad le faltan hacer un par de retoques. Lo sospeché desde que en cada oración agregaba un “le falta pintura”. Agrega que la propiedad es “medio hippie”, lo que me hace soltar una risita al tiempo que concluyo que ella es “recontra prejuiciosa” y cree que yo también lo soy.  Como si no me hubiera convencido con tanto dato al pedo, me dice que el edificio es “canchero” y me hace pensar en todas las cualidades que puede tener un edificio, sin poder arribar jamás a ese calificativo para un conjunto de ladrillos y finaliza la oración -que no me mueve un pelo ni genera medio comentario- con un “la gente tiene buena onda”, lo que jamás podría importarme menos, porque no me mudo para hacer amigos precisamente…
Luego concluye con un dato imprescindible para decidir no ir nunca a ver la propiedad. Me cuenta que en el local de abajo del edificio funciona un taller mecánico, por lo que las personas que allí trabajan “miran”. Me quedo en silencio, cuando ella supone que voy a hacer un comentario. Me encanta desubicar al interlocutor. ¿Se supone que debiera agregar algo al comentario pelotudo? Ya sé hacia dónde va con la aclaración, pero voy a dejar que ella termine con lo que empezó a decir. Quiero que quede en evidencia lo pelotuda que es desde mi punto de vista. Por lo que espero que siga hablando, sin emitir sonido. Entonces agrega “funciona como seguridad” y solo puedo esbozar un “ajá”, porque no se me ocurre ningún comentario para expresar lo que siento. Los recursos pelotudos que se usan hoy en día para venderte algo llegan a límites inimaginables. Resulta que ahora me conviene la propiedad que me ofrece esta “sin nombre” porque la gente que labura abajo “mira”. Es buenísimo, mi capacidad de asombro es ilimitada con gente tan pelotuda dando vueltas por ahí.
 


Diálogo urgente con mi teclado

Hace un frío ojetudo y la mina tiene la ventana abierta de par en par, en un piso lo suficientemente alto como para que sople viento dentro de la oficina. Sí, comparto la oficina. Si tuviera un reducto de 1 x 1 sería feliz, sin tener que mirarle la cara a nadie, sostener conversaciones pelotudas bien empezada la mañana, bancarme el olor a cenicero que trae el tipo cada 20 minutos, que equivale a las veces que baja a fumar, los ruidos varios por consumo de comidas y bebidas, las conversaciones pelotudas de las que trato de abstraerme, los comentarios fachos en los que no participo aunque me muera de ganas de decirles cuánto los odio, las reiteradas preguntas provocadoras para que reaccione en algún momento y abandone mi silencio…
Cuánto más fácil sería mi vida con un 1 x 1. Saludaría de lejos al llegar y al irme. A veces me encierro un rato largo en el baño para que no me rompan las pelotas. No quiero que se entienda mal, yo amo mi trabajo. Amo hacer lo que hago, me resulta un desafío diario, me permite desarrollar mis aptitudes y conocimientos, me permite crecer, ser mejor día a día. Pero detesto a la gente. Y todavía no encontré la forma de volverme invisible para que no me rompan las bolas.
Cada día se torna más difícil, porque los filtros que solía usar en una época, se me terminaron. Y ni me preocupé en buscar nuevos. Ahora sale todo como viene de adentro, con mucho impulso y la mejor de las intenciones de mandar al mundo a la mierda. A veces mando un freno de mano en la garganta, a veces es demasiado tarde para eso.
Igual, las caras de orto con las que llega la gente a la oficina a veces superan las mías, aunque Ud. no lo crea! Yo llego con todas las pilas. Me sobra energía, lo que me faltan son ganas de bancarme a los pelotudos que habitan estos reductos compartidos. Pero llego con buena onda, que me dura 2 segundos. Y mantengo conversaciones conmigo misma desde que me levanto, pero me cuesta horrores mantenerlas con los demás. Por lo que, si no me queda otra que empezar a hablar luego de X cantidad de horas de haberme levantado, la palabra equivale a un ladrido y va acompañada de un semblante terrorífico. Cualquiera diría que puedo ser la hija de Hannibal Lecter.
Me sigo cagando de frío, así me la banco con tal de no tener que entablar un diálogo con la mina, a la que le das lugar con un ‘hola’ y te cuenta su vida de arriba a abajo, aun cuando vos metas la cabeza adentro de un cajón para demostrarle que te importa un carajo lo que te diga. Además es mala, vive buscando la oportunidad de hablar mal de alguien, de meter fichas en contra de alguien, de hundir a quien pueda desde su lugar de falsa mujer ingenua y desinteresada. Si no la miro, se acerca y me susurra alguna maldad de un tercero al oído. Como no quiero ser su cómplice, le respondo bien fuerte, casi gritando o le digo que no le entendí nada de lo que dijo para ponerla en evidencia. Yo no soy cómplice de nadie, vos solita sos la hija de puta. Se hace la dulce y la simpática por teléfono y es la más soreta de todas.
Hoy es la cima de la montaña de la semana. A partir de la tarde, empieza el descenso hacia el fin de semana. Ya falta menos, voy a contar hasta 5 mil trillones para no morir en el intento.


lunes, 29 de agosto de 2011

Eureka! Por eso están como están...

No todo es joda. No todo causa gracia y a veces hay que ponerse un poco en el lugar del otro. Yo viví en Estados Unidos. No sé si eso me da derecho a hablar de ellos, pero como todo el mundo habla de todo, con o sin derecho, yo no voy a ser menos. Además, quiero experimentar eso de ser “uno más” o parte de la masa y hacer lo que hacen todos.
Entonces voy a intentar llevar una reflexión a las cabecitas de mis lectores. Quizá ni llegue a una reflexión y solo sea un comentario que puede convertirse en una reflexión en el futuro. Quizá no sea nada, pero igual lo escribo. Después de todo, a mí no me pagan para que los haga pensar o reflexionar, así que no me rompan las pelotas. Bastante con que escribo…
Supongo que nadie es ajeno a los acontecimientos que ocurren en el hemisferio norte, más que nada porque los “Americanos” (sí, ellos son los únicos que viven en América, no conocen ni reconocen nada más debajo de Miami) se encargan de comunicarle al mundo hasta el último gas expulsado por cada habitante.
Con lo cual, habrás estado al tanto de la dimensión que tomó el inminente paso del huracán Irene por Nueva York y alrededores. A propósito, ¿sabes el porqué de los nombres de los huracanes? Te la dejo picando, esa averiguala vos…
En fin, toda una semana torturándonos con los desastres que iba a provocar el huracán, con la desaparición del puente de Brooklyn, con el cierre definitivo del teatro en el que hace 100 mil años está 'Mamma Mía', con pensar en que si nunca fuiste a Nueva York, alpiste…Toda la semana enviando mensajes a los “Americanos” desde los medios de comunicación e incitándolos a que se prepararan para “el día después de mañana”.
Bueno, Estados Unidos es uno de los países número uno en obesidad y ¿sabes por qué? Porque para cualquier cosa que pase, te mandan al supermercado. Si va a llover, al supermercado antes para no mojarse. Si están por declarar la guerra al país más remoto, al supermercado antes por si devuelven el ataque. Si algún rostro no “Americano” pisó el aeropuerto de alguna ciudad del país, al supermercado por si sufren un ataque terrorista. Si se viene un huracán, al supermercado por si quedan aislados por mucho tiempo.
¿Qué tendríamos que hacer los que vivimos en Buenos Aires cada vez que una lluvia imprevista inunda las calles llenas de mugre porque los sucios de mierda que viven en ella sacan la basura cuando se les canta y piensan que los tarros de residuos son maceteros? ¿Copar los chinos?
Porque cualquier titular de diario “Americano” hoy alerta que miles de “Americanos” todavía se encuentran en peligro por inundación de calles y cortes de luz. Es como si no pudieran soportar el hecho de que no pasó nada y ahora, quizá, otro país sea el centro de atención. Funciona como un llamado de atención, un 'ojo que el peligro no pasó, todavía hay agua en algunas calles y.. y... por favor!!! mirennos!!!!!' Ayer hubieron cortes de luz en algunos barrios de por acá y seguimos vivos, así que le pediría al periodismo mundial que me llame y le indico los barrios y calles, para que vengan a filmar acá que también se inunda. ¿No se les habrá ocurrido pensar a los "Americanos" que los medios están entongados con  las cadenas de supermercados? Lindo negocio... 'Pasas las noticias más horribles y catastróficas y te hago descuento en las papas fritas y la manteca de maní'.
También hay que pensar que los “Americanos” toman de su propia medicina. Esta gente mira muchas películas que se hacen allí mismo, en Estados Unidos! Y yo me cansé de la exageración al pedo de esta gente que se cree con derecho a expropiar el nombre de un continente que también me pertenece. Así es que ahí va, con esta primicia los fulmino definitivamente:
“Señores yankees, las películas del fin del mundo, las de las plagas y las tormentas, son de ficción! Dejen de ir al supermercado, porque no van a tener la suerte de desaparecer y seguir siendo el centro del universo. Tampoco van a lograr que limpiemos los restos de cada uno de ustedes luego de que exploten por comer tanto y al pedo! Por favor, por el bien de todos, apaguen los malditos televisores y lean un poco más!”
No me asustan las consecuencias. ¿Qué es lo peor que me puede pasar? ¿Que alguien me revele que el estreno de Natalia Oreiro es una mentira porque ella ya está casada y esta sería su 2° boda? Bueno, ya lo sé y también sé que la vieja de "Esperando la Carroza" es Gasalla y que Suar evidentemente le consiguió un novio a su mujer, porque escuché el otro día que ella sale con un cantante... 
Al final, tanto blablá y no pasó nada, apenas una lluvia en las calles de Manhattan…. No aprenden más. ¿Y??? ¿Ya estás reflexionando? Si no entendiste nada, alquilate 2012. Ese sí que es un peliculón de aquellos. Creería que es francesa la peli...después contame qué te pareció!
 

viernes, 26 de agosto de 2011

De sentidos y sin sentidos

Los ruidos me matan, me descolocan, me enloquecen. Detesto cualquier tipo de ruido que se encuentre en el ámbito de la intimidad del otro. Igual, tranquilos, no voy a entrar en demasiados detalles incómodos para todos.
No hay cosa peor en el mundo que escuchar a alguien tragar. Me da asco, me desespera, genera una ira en mi interior difícil de controlar. La única manera de evitar que mi oído perciba el ruido, es haciendo fuerza para bostezar como si quisiera tapármelos, pero tengo miedo que al hacer tanta presión me reviente la cabeza.
Y cada mañana tengo que escuchar cómo el pelotudo de mi compañero sorbe el café, como si fuera una sopa y cómo la densa de mi compañera mastica galletitas como si fueran ladrillos difíciles de deshacerse en la boca.
Yo creo que me lo hacen a propósito, de lo contrario ellos también tendrían que escucharme a mí. O será que estoy tan obsesionada con el tema, que finalmente logré ser imperceptible para los demás. No lo sé, lo cierto es que ellos no vuelven su mirada hacia mí cuando desayuno. Entonces yo intuyo que es porque no escuchan lo que trago y lo que dejo de tragar. Tampoco me sienten masticar. Yo en cambio, a ellos sí los escucho y los escucho demasiado. Quisiera ser sorda de ruidos inmundos.
Ni que hablar de los ruidos de quienes mascan chicle y creen que comer chicle es directamente proporcional a hacer ruido y tener la boca abierta de par en par.
Las miradas también me molestan. No todas las miradas, pero muchas más de las que soporto me molestan. Me compré una taza de esas térmicas y algunos días me llevo el café en el colectivo de camino a la oficina. Me gusta y me la banco. Pero no soy una pelotuda que no sabe tomar café en movimiento ni llevo la taza destapada. Con lo cual todos los que viajan con “miedo” a mi taza, se pueden meter sus miradas acusadoras y despreciativas en el culo. No voy a volcar el café en cualquier cara de orto matutina.
También odio las miradas de aquellos que van cómodamente sentados y yo, en mi afán de avanzar hacia el fondo de la unidad para evitar el amontonamiento inútil de la gente al lado de la máquina de monedas, los rozo con mi bolso o mochila. Entonces, como en cámara lenta, alguna intolerante de mierda se acomoda y me mira, como diciendo “me tocaste” y ¿qué hago yo? Le sostengo la mirada, sin hacer una sola mueca, pero esperando que desista y siga con su mambo matinal y su vida pobre en adecuación a la sociedad.
Resulta que después soy yo la que tiene que salir a reconocerle al mundo que soy intolerante, colérica y sumamente malhumorada de mañana. Y toda esta gente ¿en qué categoría entra? Porque si aún no han sido clasificados, los puedo poner en la caja de “gente de mierda”.
Hoy, como la tapa de la taza nueva pierde, aproveché para pensar en algún producto de esos que venden en la tele que me pueda servir para solucionar la pérdida de café desde la tapa a rosca.
No, no puedo ir a cambiar la taza porque la compré en la calle. Sí, sigo insistiendo con los productos adquiridos en cualquier esquina. No, no quiero dejar de comprar boludeces. Sí, se soluciona si deja de haber puesteros en la calle.
La cuestión es que se me ocurrió que podría pegarle a la parte superior de la taza, rodeándola, una toallita femenina de esas que publicitan haciéndonos quedar re bien a la mujer. Es decir, si se banca la incontinencia, bien se puede bancar un par de gotas de café sin chistar, ¿no?
Muero por verle la cara a la gente en el colectivo el día que me anime a subir con la taza envuelta en una toallita higiénica para enmendar la pérdida de café de la tapa a rosca.
Es una tarea pendiente que me pongo en este momento. Me desafío a viajar de mi casa a mi trabajo con la taza envuelta en una toallita ultra fina y ultra absorbente. Si me ves, por favor, guíñame un ojo y sabré que leíste el post.
Nada más por hoy, sigo siendo la misma intolerante de siempre, pero me estoy perfeccionando o mejor dicho, “Estoy trabajando para Usted, disculpe las molestias ocasionadas”.

 

miércoles, 17 de agosto de 2011

El placer de empezar las vacaciones...

“Su atención por favor, pasajeros del vuelo TAM 8001 con destino a Río de Janeiro, favor de acercarse a la puerta de embarque número 5”.
“Señores pasajeros, comenzamos con el embarque del vuelo TAM 8001 con destino a Río de Janeiro. Les solicitamos a los pasajeros con necesidades especiales, con niños o mujeres embarazadas, se acerquen a la puerta de embarque. Asimismo, les solicitamos a los pasajeros con asientos del 28 al 20, acercarse a la puerta de embarque. Luego continuaremos llamando al resto de los pasajeros”.
Hasta ahí, solo hasta ahí duró mi paz. No hubo un minuto más en todo el viaje, en que yo no puteara con razón. Tengo un testigo que lo demuestra y es mi medio racimo de uvas achicharrado por el sol, pero no quiero exponerlo. De todas maneras, dejo en claro que tengo un testigo de la razón de mis puteadas y puede acreditar que estuvieron justificadas.
Vamos por parte, porque el viaje fue corto pero la estadía larga y hay mucha tela para cortar. Si la señorita que se encuentra en la puerta de embarque solicita a quienes tienen asientos del 28 al 20 que se acerquen, ¿por qué sorete el argentino pelotudo se acerca sin siquiera preocuparse en mirar el número de su asiento?
Así empiezo un viaje en el que voy a corroborar, una vez más, que el argentino me da vergüenza y que me gustaría tener nacionalidad letona con tal de no quedar ‘pegada’ como una más de esa rara e insoportable especie.
Ok, si el señor que tiene el asiento 12 y no tiene necesidades especiales y no está embarazado y no tiene niños, se para y se pone en la fila, tendré que recurrir a algún tipo de violencia para que entienda que está haciendo las cosas mal y me perjudica. Entonces tendré que atravesar la fila bien por el medio y disgustada esbozar varios ‘permiso’, a la vez que digo, ‘yo tengo el asiento 25, ¿no llamaron del 28 al 20?, parece que vamos todos amontonados en la parte de atrás del avión…’.
Así debo hacerme paso para poder ingresar a la aeronave. Siempre me digo lo mismo, la gente es idiota, ¿no se da cuenta que hasta que no suba el último pasajero no nos vamos? ¿En qué te cambia subir primero si después vas a tener que esperar que suba el resto? Además, por una cuestión de orden y lógica, es mejor que subamos de atrás para adelante.
Bueno, como eso no sucede, al subir al avión tenes que hacer una fila esperando que el pelotudo del 7, que subió antes de lo que le correspondía, ponga sus bolsos en los compartimentos y apoye su culo gordo para ver entrar bien calientes al resto de los pasajeros que sí siguen las reglas.
Seguramente también se verá interrumpida tu caminata hasta el asiento por los adorables niñitos que subieron primero, porque tienen prioridad y porque sus madres no les dan pelota y los pibes hacen lo que se les canta.
Ya lo pensé, la próxima vez le pido a mi hermana que me preste a mi sobrina, solo para gozar de los privilegios de este estilo. Después, que se duerma y que no joda.
Bien, una vez arriba del avión y en tu asiento, bancate los antebrazos de las dos personas que se sentaron a tu lado y que no piensan moverlos de los apoya brazos que a vos también te corresponden. Bancate las patadas de la persona que te tocó en el asiento de atrás, bancate que cada vez que abra o cierre la bandeja te rompa las pelotas como si te estuviera pegando en la espalda, bancate el aire que el pasajero de al lado no quiere cerrar, bancate el ortiva que cierra la ventana porque no quiere ver para afuera, bancate al fóbico que te tocó al lado y que pega patadas nerviosas al piso, mientras se pone la cabeza entre las piernas, bancate a los pendejos llorar, bancate que no podes reclinar el asiento más de dos centímetros, bancate que para ir al baño tengas que hacer un curso práctico, bancate que siempre hay una vieja pelotuda que evoca alguna película catástrofe como “Viven” o recuerda el último accidente de Air France o cuenta la anécdota de la amiga de una amiga que tiene un sobrino que va a una escuela en la que un compañero estudia aviación y le contó que ponen el piloto automático y nos dejan a la deriva, bancate el que dice que el pollo sabe a rata porque como la aerolínea no es nacional, eso en el país de destino es moneda corriente y….
Esto viene para largo, son muchas las experiencias que viví en mis días de descanso. Así que buen viaje, felices vacaciones y bienvenidos al mini verano de locos que compartiré con Uds en los próximos posts.
He vuelto para quedarme, una real cagada!


martes, 2 de agosto de 2011

No doy más!

Sueño, mucho cansancio, imposibilidad de mantener los ojos abiertos por mucho tiempo, necesidad de mantenerse parado o de caminar para no caer desmayado. Es ese cansancio de mierda que hace que te duelan hasta las uñas de los dedos de los pies. Te levantas a la misma hora de siempre, pero llevas como una maratón de días sin poder dormir 7 horas y el cuerpo se da cuenta y te pasa factura. Y estamos a principios de mes, lo que implica que haya que pagar muchas otras facturas y que, seguramente, la del cansancio la paguemos con intereses y recontra vencida.
Hace más de una semana que me levanto temprano. Por lo general, me guardo un día para dormir hasta tarde pero por diferentes cuestiones estos últimos 10 días no lo he hecho. La verdad es que doy lástima, no aguanto hasta el final del día, no hay café que me levante, no hay conversación que pueda mantener porque no hay humor en mi ser. Si tengo poco humor cuando estoy despierta y con algo de energía, sin descanso no hay humor. Es como una publicidad de esas de artrosis y dolor. Sin descanso no hay humor. Por eso ladro, en cada oportunidad que tengo que gastar energía para separar los labios y abrir la boca, ladro.
Todo el mundo me parece pelotudo, desde la idiota que en la radio y a las 9 de la mañana cuestiona el cambio del Padre Nuestro que se hizo hace mil años, pasando por la otra locutora estúpida y gritona que se quiere hacer la simpática con el político ganador y terminando en la densa de mi compañera que me habla de la ecografía del orto de su hija, que me importa tres carajos y cuarto. Me habla de "devolver" o de "hacer fiebre" y de stress en niños de 3 años, la puta madre que lo parió, me importa un huevo!!!!
Y tiene esa tonada irritante, de una persona que vino hace 100 mil años de una provincia y sigue hablando con la "eye". ¿Nunca vas a pronunciar bien?!!! Ehhh??? Nunca vas a aprender a hablar??????
¿Está claro? No hay humor!!! Buscá en otro lado, acá se terminó hace rato!
Voy a reventar. Voy a terminar frita como una de esas alas de pollo que venden en los puestos del barrio chino. Y ese día quiero público, va a ser un espectáculo inolvidable.
Mientras tanto, estoy llena de trabajo, invadida por libros de estudio cuyos temas me resultan insoportables e imposibles de aprender y con ganas de dedicarme únicamente a escribir. Pero sin tiempo y sin humor.
Sin descanso no hay humor, no lo puedo decir de otra manera. Sin humor, hay poca ironía. Sin ironía, no hay post. Sin post, este blog se va a la mierda!
Paciencia, un par de días más y van a llorar de la risa con mis andanzas por la vida.... (modestia tampoco hay)
 

miércoles, 27 de julio de 2011

Hay que aprender a ver el vaso medio lleno

Sinceramente, no sé de qué manera expresar mi indignación al leer el titular del diario. No sé si la gente es pelotuda o si es re pelotuda. No lo entiendo. No me entra en la cabeza.
Porque vos podes hacer lo que quieras con tu vida, con tu laburo, con tu guita. Pero yo creo que existen límites invisibles a partir de los cuales se podría decir que uno se ‘zarpa’. Y están los otros, los límites visibles. Esos que, si los cruzamos, nos dejan del lado de la pelotudez total y nos diferencian claramente del resto. Con una claridad que encandila. Como en el caso del titular del diario. A partir de ahí te convertís en un visionario o en un auténtico pelotudo.
Basándome en la experiencia (corta pero vasta) en esta sociedad que me tocó en suerte, puedo decir que claramente nos enfrentamos a una manga de pelotudos natos. Esta gente evidentemente tiene problemas, mucho tiempo al pedo y no sabe en qué carajo gastar su dinero.
Por suerte siempre hay “un roto para un descocido” y a la manga de aprovechadores de pelotudos, siempre le corresponde el conjunto de gente que no sabe qué sorete hacer con su dinero y su vida y entonces deciden hacer negocios juntos.
Pues bien, desde mi humilde lugar de ciudadana crítica y ampliamente antisocial, esto se fue de las manos de cualquier análisis y se ha convertido en una pelotudez absoluta y total, imposible de entender desde el sentido común y la racionalidad.
Compruébelo Ud. mismo señora o señor, he aquí el titular que resume lo que no puedo decir:
“Ya son 1.741 argentinos que compraron su terreno en la Luna o en Marte”
¡¡¡¡¡Felicidades a los adquirentes de media hectárea!!!!!! Que me digan ahora cuándo carajo sale el cohete hacia un lugar en el mundo que ni siquiera se comprobó que haya pisado el ser humano. A la fecha es más la gente que sostiene que nos vendieron un buzón, que la que cree que el hombre llegó a la luna en 1969. Ni que hablar de marte, del cual únicamente tenemos referencias hollywoodenses de gente verde que habla en un idioma inventado por algún cineasta. De ahí en más los detalles son menores. No sabemos si hay ozono respirable, cómo funciona la gravedad, si el agua es consumible. Eso, como mínimo, para empezar a pensar en irse para allá.
Pero si en serio me pongo a perder el tiempo y pienso en todos estos pelotudos, llego a una primera mínima conclusión: ojalá se invente pronto el medio de transporte seguro que acerque a toda esta gente a la luna y a marte. Ya hay demasiados pelotudos en la tierra, así es que vayamos haciéndoles lugar en otro lado lo antes posible, así aquí se respira mejor aire y, por lo menos, hay menos tráfico matutino y menos amontonamiento en el subte.
Y después me vienen con que la prensa actual es sensacionalista y pesimista. Vale la pena releer el titular, por fin una buena!
 

viernes, 22 de julio de 2011

El aburrimiento puede llevarte a sitios horribles

Soy masoquista del consumo ajeno. Cada vez que tengo poco que hacer en la oficina, me pongo a leer las notas que consumen las mujeres con hijos, con patio con parrilla, con piernas largas, con problemas de depilación y hasta con problemas de pareja (yo no los tengo, jaja, qué pelotuda!).
Los leo para ver qué se siente ser así, distinta y parte del montón. Esos días de aburrimiento hartante miro el blog de una pelotuda que sale de su casa y se saca una foto para que nosotras (el resto de las pelotudas) veamos cómo se vistió. ¿Por qué no venís vos a casa que te muestro qué me puse hoy? Lo mío no es el conjunto con marcas por todos lados ni suecos horribles ni pilotos de colores, pero me puedo sacar la foto sin drama y te venís y me mirás. No tengo las cosas de mi abuela colgadas en mi placard y, no jodamos, vos tampoco. Te habrás ido a alguna boutique vintage a buscar algo viejo, pero yo no me como la de que tu abuela te prestó ese piloto horrible de plástico. Pobre vieja, no le eches la culpa a ella de tu horrendo gusto y no te creas que sos cool por usar ropa vieja. Con ese criterio yo soy ultra cool, porque tengo colgada en el placard la misma ropa que usaba en la secundaria. Y tampoco nos hagas creer que revolviste el “ropero” de tu prima Mechi, porque si yo fuera tu prima y me desordenas una puta media, te cago a trompadas. Ese mal gusto es todo tuyo, confesa!
Lo que más me enerva del blog son las 5 o 6 frases que forman parte de su resumen de moda y que son la nada misma, con la fotito de ella, re cool y sin ataduras ni horarios, ahí haciendo juego con el blog vacío que tiene.
Estuve a punto de meterme a leer los comentarios, pero ya sufrí una vez con el blog de una mamá y sé que tengo grandes chances de terminar mi día deprimida a full, cancelando planes, por la cantidad de pelotudas que comentan estas “no” notas publicadas a diario.
Ejemplos de los comentarios serían: “Qué buena onda Pachi” (porque estas minas que se visten así, tienen esos apodos pelotudos), “Grashias por tantash ideashh”, “Morí con tu carterita ashul, me encantó!”  “El shombrerito, un cláshico!” y otros más del estilo.
Este comentario es auténtico, copio y pego porque no lo puedo creer: “Uy Pachi, me sigue pasando que me aparecen las fotos una sobre otra. Le doy click sobre la primera y no me sale la opción “siguiente”, es mi PC?”. No, sos vos pelotuda, que no sabes mirar una página de internet!!!
Yo tengo puesta una camisa, un saco gris de los de traje, pantalón de traje y botas negras, de esas que tienen una suela bien compacta y con las que el impulso de la patada en el orto te deja bien lejos.
En fin, voy a dejar de meterme en el blog de esta pelotuda y me voy a dedicar a los otros que el mercado tienen preparados para nosotras: “Cómo usar el pelo corto”. Por Dios, qué pena que piensen que a las mujeres nos interesan tantas boludeces.