Buenos días y bienvenidos a la ironía que le pongo al día a día, para que pese menos...

viernes, 30 de diciembre de 2011

Quitémosle peso.

En una sociedad en la que la presión por el bajo peso es latente, no podemos dejar de probar quitarle el peso a todo. Al propio cuerpo, al cuerpo del otro, al cuerpo de los otros, al contenido de las cajas, mochilas, bolsas y bolsos que cargamos y a todo lo que pese. Es cuestión de probar, soplar y hacer botellas.
Entonces se me ocurre que quizá podemos intentar quitarle peso a algunas fechas, para que no pesen tanto. Y cuando hablo de pesar, no hablo de pena ni de tristeza, hablo del pesar del peso, de la densidad de las cosas. Y para muchos (y ahora no escondamos la cabeza) estas fechas tienen mucho peso. Y yo me encontré volviéndome supersticiosa ¿al revés? porque este año, después de varios, mi mamá no propuso ningún ritual para año nuevo.
Hubo un año en que tuvimos que trenzar 3 cintas de distintos colores en navidad, cada una con un significado, y luego colgarlas detrás de la puerta de nuestros hogares, en año nuevo. Mucho antes usábamos ropa interior rosa y para eso estaba mi abuela al pie del cañón, con las bombachas en navidad, para usar en año nuevo.
Recuerdo que llegamos a sublevarnos y a no usarlas luego de un año que consideramos de mierda, cada una en su momento, pero reemplazamos ese ritual por otro.
Y el año pasado armamos una lista de cosas que queríamos dejar ir en navidad y que luego tendríamos que quemar en año nuevo y dejar consumir la vela con la que quemamos la lista. Todavía conservo la lista de las cosas a las que queríamos darles la bienvenida.
Y este año nada, vacío. Y de repente me di cuenta hace dos días de este vacío de rituales y supersticiones. Entonces me agarró la superstición al revés. Y me puse a pensar en cómo la gente ya empieza a decir “feliz año” desde navidad, cuando en muchos casos vamos a volver a ver a esas personas casi a diario. Y como siempre estoy en contra de algo, también estoy en contra de decir “feliz año” antes de que empiece. Prefiero decir “que termines bien el año y que empieces mejor el que llega”, porque decir “feliz año” es como mucho, van a ser 365 días y –yo creo- va a haber tiempo para deseárselo al otro u otra.
En definitiva y para evitar la presión de tener que tener algún proyecto, plan, anhelo o cuestión del estilo, distintos de los del año que finaliza, me quedé pensando en el tema de las fechas y los pesos.
¿Y si hoy fuera 2 de diciembre en lugar de ser 30 de diciembre? ¿Y si el último mes del año fuera enero en lugar de diciembre? ¿Y si la cena del 31 de diciembre fuera una cena más para disfrutar y no “la última cena del año”? ¿Y si no tuviera que pensar en ‘por qué estoy lejos de mi familia’ porque el 31 es un día más?
Quizá pensar así sería más fácil para evitar el otro pesar, el de la pena o la tristeza. Quizá haría que resultara menos doloroso el pensar en quienes no pueden “festejar” la despedida del año. Quizá no me costaría tanto dejar ir este diciembre y este 2011 que ha sido tan lindo y tan lleno de todo lo que quiero.
No puedo ser menos que el resto del año, no puedo despedir el 2011 sin ser una “contreras” hecha y derecha. Por eso he decidido que yo voy a ir a la cena del 31 de diciembre, yo voy a brindar con y por todos y voy a mirar los fuegos artificiales que tanto me molestan. Pero voy a hacer de cuenta que el calendario de 12 meses no es el que se utiliza en mi mundo. Voy a pensar, en cambio, que mis años no duran 365 días y que lo bueno y lo malo no dependen del número con que se designe a un período, si no con la energía que uno le ponga a la cosa.
Y yo le voy a seguir poniendo la misma energía que le he puesto estos primeros 12 meses de mis años nuevos, los años de mi mundo, de mi vida. Quizá sea divertido un año con mes 15, 16 y seguimos contando. Le voy a seguir poniendo el mismo empeño, la misma ironía, la misma cuota de exageración, las mismas ganas y así no me va a resultar tan difícil pensar que porque termina un ciclo mensual, también termina un ciclo de vida lindo. Yo quiero que mi ciclo de vida continúe como se vino dando durante estos 12 meses, así es que brindo por Uds. que comienzan un nuevo año y que, con razón o no, quieren dejar atrás el 2011 mañana mismo. Y brindo por mí -y sé que no soy la única- y porque los 12 siguientes meses que no quiero discontinuar de los primeros 12, sean el principio de mi nuevo calendario de felicidad.
No te digo adiós 2011, te digo hasta luego y te cambio el último 1 por el 2, simplemente para que el 2 no se sienta dejado de lado y no se ponga a chillar que “canté prí” ni que “yo había dicho primero” o “a mí me lo prometieron”.
Buen comienzo para todos, buena continuidad para los que se quieran prender en mi calendario de felicidad.  


viernes, 23 de diciembre de 2011

Por qué un jefe no tendría que pedirles a sus empleados que trabajen en vísperas de las fiestas

Porque gente como yo se sumerge en internet a boludear. En esta oportunidad, para buscar un par de lindas frases para la tierna navidad… y obviamente las comparto con quienes comparten este espacio de ironía conmigo.
¿Qué? ¿Esperabas que te deseara felices fiestas? Vaaaamos…. Ya me conoces!

ü  Nunca pienses que lo justo es lo correcto porque si te meten un dedo en el culo queda justo, pero no es lo correcto. Lo correcto ahora es desearte feliz navidad!
ü  Querido terrícola: Soy un extraterrestre de una galaxia muy lejana donde podemos adoptar cualquier forma. En estos momentos, me he convertido en este sms y, a través de tus pupilas, te estoy metiendo un dedo en el culo. Sé que te está gustando porque estás sonriendo. Por favor, envíame a otras personas, porque en verdad, ando buscando más culos. Y deja de reírte que se van a dar cuenta… FELIZ AÑO
ü  Feliz Semana Santa de parte de la asociación de alzheimer y nuestro mejores deseos para 1.984
ü  Ojalá las pulgas de mil camellos egipcios le piquen en el culo al que intente joderte este año y tenga los brazos tan cortos que no pueda rascarse. Feliz Navidad!!
ü  Este año Papa Noel tiene paperas. El día que tenga pa’ putas no le veremos el pelo. Felices fiestas y Próspero año nuevo!
ü  He leido tu horóscopo para el año que viene: SALUD: los astros te sonrien. DINERO: los astros te sonrien. SEXO: los astros se cagan de risa. FELIZ NAVIDAD!
ü  Que el duendecillo de la navidad esboce una sonrisilla en cada rincón de vuestro hogar, y si no lo hace le pegas una buena patada en el orto, que para una cosa que le pides al año… Feliz año nuevo!
ü  Amigo, no te lo vas a creer: Ayer tu novia, a media noche, descubrió a los Reyes Magos. ¡Fijo!, porque la oi gritar: “¡VENGA NEGRO, DÉJAMELO TODO AQUÍ DENTRO!. Felicidades de un amigo que te quiere.
ü  Por favor, eviten venir a visitar a mi mujer durante estos días que acaba de dar a luz y está muy molesta. Gracias por su comprensión. San José.
ü  Soy Melchor. Estoy de copas y de putas con los otros dos. La cosa se nos ha ido de las manos, así que no esperes regalos esta Navidad. ¡Felices fiestas!

Y no tomen demasiado!!!

jueves, 22 de diciembre de 2011

Algún día te lo iba a decir...

¿Viste la gente que se hace la simpática? Bueno, sí, me molesta. Me jode bastante que me vengan con sonrisitas falsas o que me la jueguen de “amiga”.
Yo tengo perfectamente claro que mi lista de amigas está cerrada, que es casi imposible que se reabra, salvo en el caso de querer pegarle una patada en el orto a alguna de sus integrantes. No tengo miedo de que caerle mal a la gente. Fueron muchos años de terapia y ahora puedo gritar que me cago en lo que piensen los demás de mí.
Pero para algunos no queda claro, por lo que nunca faltan las actitudes “amiguísticas” que lo único que generan en mí son más y más ganas de ser cada día más cabrona y jodida.
Para ser ilustrativa, si me preguntas algo que yo sé que vos sabés, solo por el hecho de intentar una conversación, simplemente te voy a responder “si lo sabes, ¿para qué me preguntas?” o voy a recurrir al “ni idea” y vas a quedar más pintada que de costumbre.
Si me venis a contar alguna anécdota que intenta ser interesante y a mí no hay cosa que me importe menos que tu vida, voy a decirte cuando estés terminando el relato “discúlpame, estaba concentrada y no te escuché” y solo si sos muyyyyyyy perseverante, vas a volver a empezar tu relato. De lo contrario, me voy a haber ahorrado opinar sobre algo que me chupa un huevo.
Si me saludas con una sonrisa amplia, apenas voy a abrir mi boca para esbozar un “hola” y si me llegas a decir “besiiiiiito” por teléfono o, peor aún, en persona, voy a enloquecer hasta el punto de querer golpearte.
No me cambia la vida tu simpatía; es más, sé que no sos simpática y que sos más falsa que billete de 3 pesos, así es que ahorrátela conmigo. A otros andá a venderles lo que tengas, a mí ni prestado me das algo. Tu sonrisa te la metes bien en el orto y tus anécdotas escribilas en alguna hojita borrador.
Para darte conmigo o poder llegar, algún día quizá, a ganar mi amistad, tenes que caminarla y, fundamentalmente, no romperme las pelotas.
Y vos no cumplis con ese requisito ineludible, porque vos sos una hinchapelotas insostenible.
Así es que dedicale tu sonrisita a tu vieja y a mí dejame hacer mi vida en paz, forra!








lunes, 19 de diciembre de 2011

¡Antes de que el año termine!!! (y con la inspiración en baja)

“Veámonos antes de que termine el año, negri!” En primer lugar, de negri no tengo nada. Mi piel bien podría ser transparente, pero se quedó ahí, entre el blanco ‘leche’ y el transparente. En segundo lugar, no te di confianza, así que el “negri” guardátelo bien guardadito.
Ahora, yendo más al tema, todos los putos años tengo que leer y escuchar lo mismo. Empieza diciembre y todos los chotos de siempre mandan e-mails y mensajes de “veámonos antes de que termine el año”. Si no me diste ni 5 de pelota durante los primeros 11 meses, ¿por qué yo debiera estar apurada por verte en el mes 12?
¿Qué pasa si no nos vemos “antes de que termine el año”? ¿No te va a cerrar tu estadística de ‘cantidad de veces que viste a cierta gente durante este año’? ¿Se va a terminar el mundo por quinta vez en el año?
I’m sorry for you, pero yo en diciembre no me junto con nadie. Para mí, diciembre es el mejor mes del año y no lo voy a desperdiciar viendo a gente a las apuradas que tiene que llenar planillas de “gente vista antes de fin de año”.
No me va esa de “delen, arreglemos que quedan dos semanas para el año que viene”. Tampoco me va la de encontrarme con alguien 2 o 3 días antes de que termine diciembre y empezar con “¡no nos vemos hasta el año que viene!”. Ese chiste me tiene podridísima, es re viejo y no causa más gracia.
Muchas veces me pregunto; la gente original ¿ya murió toda? ¿Soy un extraño en mi tierra? ¿Nadie tiene memoria? ¿A nadie le molesta la misma mierda que me molesta a mí?
Por eso, este año decidí que todos los mails de solicitud de salida “antes de que el año termine” no serán respondidos por mi persona. En cambio, aquellos en los que el motivo sea vernos, sin tiempo ni lugar, van a ser muy bien recibidos.
A vos, que hace 2 años que no te veo, ¿para qué sorete me escribis en diciembre si el resto del año no me das ni la hora? ¿Queres contarle al resto de tus amistades que estuviste hasta último momento “despidiendo” gente? Porque si tu idea es la de hacerte el poronga ‘estoy rodeado de amigos’, conmigo perdes.
Así que anda haciéndote el chico de la agenda ocupada con otras amistades. Yo estoy “cerrada por fin de año” y hasta el 3 de enero no hago vida social. Hubieras llamado en abril o septiembre y mi agenda estaba vacía. Ahora, alpiste. Llamá a otro que quiera juntarse “antes de que el año termine”. Y por favor, cuando termine la reunión, no dejes de tirar la frase original y buena onda: ‘¡que no se corte!”.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Fiesta, fiesta!!! Se termina el año!

Seguramente en algún momento de tu vida hayas experimentado las reuniones laborales fiesteras de fin de año. No importa qué tan grande o chico sea el lugar en el que pasas entre 8 y 12 horas diarias, de alguna manera despedirán el año calendario todos juntos.
Si tu trabajo es en una empresa, escuela, oficina o local chico, lo más probable es que la propuesta sea un desayuno o almuerzo, bien lejos o bien cerca de la noche buena. La idea es que la fecha propuesta sea incómoda para evitar tener que pagarles el almuerzo a los empleados y, al ser por compromiso, vas a querer tener 50 grados de fiebre para evitarte entre 20 minutos y 1 hora y media de boludeo y falsedad. No te preocupes, ni bien termine el almuerzo, tu jefe se irá a su casa. Pero volverá al día siguiente, habiendo olvidado todos los buenos augurios de los que habló cuando lo escuchó toda la oficina dando su vacío y pedorro discurso.
Tu sueldo será el mismo el 1° de enero y las tareas por realizar, tan pesadas y ajenas como siempre. Así es que mejor no te entusiasmes con el almuerzo y la idea de fraternidad y, mucho más importante, evita el alcohol para no arrepentirte luego de la cantidad de boludeces que pueden llegar a salir de tu bocota.
Ojo, tus compañeros son peores testigos que tu jefe, que al fin y al cabo va a terminar yendo a dormir la siesta porque no le va a caer bien la copita de champagne que tomaron con el postre. La sobremesa se va a cortar al toque y van a volver a trabajar todos juntos (qué emotivo).
Vos; sí, vos que tomaste 2 copitas de champagne con el postre, vas a ser el más burlado por todos tus compañeros chupamedias, que se van a encargar de recordarte el almuerzo hasta el diciembre siguiente.
Si se da el caso de que trabajas en una empresa más o menos grande, las cosas son distintas pero terminan siendo iguales. En algún momento vas a experimentar la primera cena de fin de año y con esa vez va a sobrar para saber cómo van a ser las siguientes.  Ya vas a tener en claro para el diciembre siguiente qué cantidad de gatos que trabajan en las otras áreas, qué cantidad de gente se gasta todo el sueldo en ropa, qué cantidad de viejos verdes conviven con vos, qué cantidad de viejos chotos se quejan de todo y qué cantidad de gente que te saluda ese día -¿2?, ¿quizá 3?- y no vuelve a dirigirte la palabra hasta el diciembre siguiente.
No importa qué cantidad de dinero decidan invertir en el evento; siempre están los hijos de puta a los que la comida les resulta escasa, a los que les tocó carne y hubieran preferido pollo, a los que el vino les cae mal pero se bajan todos los tragos que sirvan en la recepción, a los que la marca del vino les parece berreta y a los que les parece que la fiesta del año anterior fue mejor, a pesar de que se quejaron exactamente de las mismas cosas, se sentaron en el mismo lugar, con las misma gente y se fueron a la misma hora.
No puedo evitar mencionar a los hijos de puta que van a ganar algún premio en el típico sorteo y van a considerar a ese “regalo” una reverenda mierda.
“¿Cómo puede ser que de premio consuelo, a los que no ganamos nada nos den una bicicleta? Una bicicleta! ¿Qué hago con una bicicleta?” Metetela en el culo y ojalá se te suelten los rayos, pedazo de sorete!
Siempre digo que quien más tiene, más demanda. Las cosas que se vivencian en esas fiestas, son inauditas.
Por supuesto habrá que escuchar las palabras del jefe, que el primer año son sorprendentes y a los 3 o 4 años son aburridas y repetitivas. Tocará algun grupo o banda y los pesados de siempre subirán al escenario a intentar "cantar", sin pensar en desprenderse jamás del micrófono. Y finalmente, la parte más divertida será la del baile, donde verás a tus compañeros de todos los días moviendo las piernas como si fueran de palo y, copas previas, tirando miradas de galán al aire y a tu compañeras desesperadas, con escotes hasta el ombligo, polleras apenas debajo de la cola y mucho meneo cerca de los gerentes, “a ver si en una de esas consigo el aumento”.
Sí sí, la llegada del final del año calendario merece la pena ser transitada. Es una época de mucho tiempo al pedo, mucha afloración de la mierda individual y muy poco ding-dong-dang y buenos deseos.
A armar el arbolito, la fiesta ya la tuve!

martes, 6 de diciembre de 2011

Piensa mal y ¿acertarás? (Conclusión)


*Se recomienda leer "Piensa mal y ¿acertarás? (Antecedentes)"
Coctel de bienvenida al seminario en el que estoy participando. Las dos mujeres que están sentadas a mi lado, charlan entre sí. Miran mi plato de comida, a mí no me miran. Hace un par de minutos se levantaron del lugar que ahora ocupan ellas, una mujer y un hombre que también miraban mi plato de comida, pero que a mí me ignoraron.
Evidentemente, lo que como es más interesante que lo que soy. Estamos en una terraza, con 25 grados de temperatura y un lindo viento para acompañar una copa de vino. Todos los que estamos participando de este evento llevamos el día entero a cuestas, que no es poco.
Me sirven la segunda copa de vino y una de las mujeres me consulta si mi comida está rica. Bien, tengo la posibilidad de hablar, pero tengo la boca llena. Trago y respondo que sí, que está rica. Bien, me maté hablando! Esa respuesta genera la típica charla en la que nos preguntamos de dónde somos y dónde trabajamos. Ellas cuentan que se suponía que volaban en mi mismo vuelo, pero que finalmente las reubicaron en otro. Palabras van, palabras vienen y una de las ellas termina hablando del novio.
No da mayores datos, solo menciona que él es callado. Luego vuelve a nombrarlo y agrega que él es músico. Mmm, yo escucho. Empiezo a tener mis sospechas, pero solo escucho. Ella amplía, él es baterista. Luego menciona el barrio en el que él vivía antes de mudarse con ella…
Shit, esta puta sale con mi ex! Mientras ella sigue contando pelotudeces de su puta vida privada que a nadie pueden interesarle, yo le hago señas al mozo para que vuelva a llenar mi copa. La escucho y le saco una radiografía con la mirada.
Sigue hablando, ¿qué sorete le vio? Bastante a menos se tiró si está con ésta… Bueno, a falta de pan… ¿Hace cuánto que están juntos? Hijo de puta! Ni a los talones me llega esta turra de cuarta!
Cuando ella le cuente que me vio acá, él no lo va a poder creer.
Entonces llega mi turno para hablar. Aguardo el espacio de silencio y arremeto. No recuerdo qué digo, pero espero que sea algo bueno si esta puta se lo va a contar a mi ex.
No lo puedo creer, ¿tan pronto se olvidó de mí? Sí, ya sé, él me dejó hace 6 años porque ya no me amaba, pero ¿tan pronto se olvidó de mí?.
Ironía y vino, ¡qué buenos compañeros! ¿Hay fuegos artificiales también? ¿Tan pronto se le fue el amor a ese hijo de puta? ¿Y a esta turra de dónde la sacó? De pronto se representa la escena en mi cabeza: ni bien se levante voy a estirar mi pierna para que se la lleve por delante y caiga y se dé la jeta contra el piso. Es fea, pensé que la mujer que ocupara mi lugar iba a valer mis días de llanto desconsolado.
Puta madre, ¿por eso me tocó el asiento vacío en el avión? ¿Cómo es? ¿Una buena y al toque un golpe bien bajo? Hubiera preferido viajar con alguien al lado y si era necesario, que roncara!
Ella sigue hablando, no la aguanto más, parece una radio. Ahora cuenta cómo lo conoció: fue en un supermercado chino, qué romántico pelotuda! Ella había comprado un somier –porque seguro ya le había echado el ojo a él- y, una tarde de sábado, se había quedado charlando con el fletero que lo había llevado a su casa –qué simpática y qué dada sos, seguro que al fletero también te lo querías garchar-. Esa misma noche tenía un cumpleaños –vida social a full- y no tenía cambio para el taxi –le va a reventar la billetera-. Entonces el fletero le sugirió que fuera al supermercado chino, porque ahí siempre tienen cambio.
Hijos de puta, ¡el chino que estaba a la vuelta de su departamento, al que íbamos juntos! Y la turra sigue hablando y cuenta que entonces fue al chino y ahí estaba él y ¡oh, casualidad!, al día siguiente ella cumplía años. ¿No era que necesitabas cambio, turra? Entonces ella dijo que era su cumpleaños –por lo visto, a ella le encanta que todo el mundo sepa de su vida privada- y él le sugirió que no lo estaba invitando. Ella se hizo la boluda y luego se arrepintió. Pero él al cumpleaños de ella, no fue. ¡Hijos de puta! Si hasta me veo en su departamento, esperando que vuelva del chino con la coca cola y él haciéndose el lindo con otra mina!
Ya no la quiero escuchar, no me interesa lo que esta turra tenga para agregar a esta historia de mierda. 53 años.. ¿qué? Que mi novio tiene 53 años, nos llevamos casi 20 años, pero no se nota la diferencia. Y tenemos un perro.
¿Un perro? Qué lindo, ¿cómo se llama el pichicho?....
Esta mina me cae muy bien! Mozo!
Y el resto de la noche transcurre, entre diálogos con una mina copada y un par de copas de más de un buen vino. Y me queda toda la semana en la ciudad y a ella también. Quién me dice, podemos llegar a ser grandes amigas. Cuanta gente de mierda dando vueltas por ahí y yo tengo la fortuna de poder conocer a una mina como esta. ¡Alguna vez me tenía que tocar a mí!
 

Piensa mal y ¿acertarás? (Antecedentes)

Por fin me tocó a mí hacer un viaje de trabajo. Es algo con lo que siempre soñé, tener un trabajo que me permitiera de una forma u otra, viajar. Surgió hace un par de meses y hasta el día anterior a mi partida crucé los dedos para ser la única representante de la empresa. No fuera cuestión de tener que replantearme socializar a último momento...
Por suerte, llegó el día y ningún contratiempo se hizo propio. Vi la gente amontonada en el Aeroparque como consecuencia de cancelaciones varias por motivos varios, mientras mi vuelo se anunciaba a horario. No solo gocé de ese privilegio, sino que además no tuve que compartir el asiento con pasajero alguno. Al lado de mi asiento iba la caja de snacks que me habían entregado como refrigerio. Me sentía Tom Hanks con Wilson en la película “Náufrago”. No suelo atribuirle mi fortuna a los astros, ni a los dioses, ni a ninguna obra de bien previa de mi parte. Así es que, demasiada fortuna podía deberse a que “alguna vez me tiene que tocar a mí” o a que el avión explotaría en el aire. Y aquí estoy, se ve que alguna vez me tenía que tocar.
Siempre, pero especialmente cuando viajo, no solo no me gusta gastar dinero en cuestiones innecesarias, sino que además me gusta mezclarme con los pobladores del lugar al que voy y, de alguna manera, sentirme parte. Solo que a veces no reparo en detalles que luego, vistos en perspectiva, me hacen sentir una pelotuda.
Llegué al aeropuerto de la ciudad de mi destino y decidí que no quería gastar dinero en un taxi. Así es que aguardé a que pasara el colectivo de línea y lo tomé. Llevaba una valija pequeña, pero que me vendía como viajante y una hermosa cartera de un tamaño considerable y, por si me perdía, de color fuxia y amarillo. También llevaba puestos mis anteojos de sol gigantes, con lo que me sentía Carrie Bradshaw en el Bronx, solo que en los barrios marginales por los que transitaba el colectivo de línea, nadie hablaba inglés. Una boluda, debí haber previsto que me iba a sentir muy desubicada y muy observada.
Luego de preguntarle varias veces al chofer por la calle en la que se encontraba mi hotel, finalmente llegué al centro de la ciudad.
De allí en más, experimenté la soledad. Pero no la soledad que suelo anhelar, sino una soledad muy solitaria, muy fea. Desde que salí del hotel en el que me había instalado en pleno mediodía, hasta que volví bien entrada la noche, no crucé una sola palabra con nadie.
Esa falta total de palabras emergentes de mi boca, generó una multiplicación insólita y enfermiza de pensamientos y diálogos internos. Es difícil manejar la soledad y la antisociabilidad. Y mi estadía recién había empezado.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Me sacan, me sacan!

Hay frases que me transforman como al increíble Hulk. Me pongo verde, roja, violeta de furia. Las escucho bastante seguido y trato de tragar saliva y sonreír, o bien, de utilizar la ironía para no morir en el intento de sortear boludos con lengua larga.
Están las frases que uno recibe de parte de quienes creen conocerlo y que distan mucho de sugerir algo que nos deje en un lugar medianamente “copado” y se acerca bastante a un insulto encubierto.
Si la frase se relaciona directamente con lo que el otro supone que es un rasgo de tu personalidad –que claramente no lo es- irá acompañada de una media sonrisa o una risita o de un golpecito en tu brazo, en señal de “paz” o de “amistad” inexistente.
Me canso de escuchar de gente que lo único que conoce es mi nombre, frases tales como: “Vos que….”, ‘tal cosa’ que te define mal, según lo que la otra persona cree que vos sos. Por ejemplo, “vos que sos tan obsesiva”, “vos que sos re histérica con la ropa”, “a vos que te encanta hablar a la mañana”. Sí sí, soy obsesiva, re histérica con la ropa y me encanta hablar a la mañana. Dale, seguí pegándole con tus vaticinios que te estás ganando una persona que en poquito tiempo va a hablar pestes de vos.
Hay otra que me genera tanta violencia que se me presenta la imagen en cámara lenta… Estoy tomando a la persona por los hombros y la zamarreo contra la pared, la cabeza se mueve hacia atrás y hacia adelante y queda totalmente despeinada y desorbitada. La persona acaba de decirme, luego de enterarse de cualquier evento en mi vida, “No te podes quejar”.
¿A mí? ¿A mí me vas a venir a decir que no me puedo quejar? ¿Para qué mierda vivo entonces? ¿Vos me viste cara de pelotuda? ¿Te pensas que porque me puedo tomar un día por estudio que me corresponde por ley, no tengo derecho a quejarme? ¿En serio crees que porque no llovió el día que había planeado ir de picnic no me puedo quejar? En este mundo, TODOS los seres humanos se quejan, los animales se quejan, el día que logremos entender a los vegetales comprobaremos que ellos también se quejan! Y porque a mí me salió una bien, ¿no me puedo quejar? Dejame de joder, me voy a quejar el triple si me seguís rompiendo las bolas con que no me puedo quejar. Yo me quejo si quiero y si no quiero, me quejo igual.
La tercera frase que me hace pensar en que ese día no debí haber salido de la cama, es la frase que algunas personas pronuncian cuando están contando algo de sí. Te cuentan la anécdota, te dan un par de datos de un momento, un tiempo, un lugar, un interlocutor y te la tiran, sin anestesia: “Viste como soy yo”… y siguen hablando. No, no vi cómo sos vos, ¿cómo carajo sos? ¿Se supone que ahora tengo que llenar ese silencio que dejaste después de afirmar algo que no está dado? Digo, lo único que veo es que vos crees que yo tengo que saber cómo actuas en todas las putas situaciones que se te presentan. Bueno, te cuento que no estudié para leer pensamientos ni para poder predecir el futuro, ni para hacer deducciones lógicas con datos que no tengo y justo hoy, mirá que puta suerte, se me rompió la bola de cristal. Así es que si querés que “vea” como sos vos, decímelo. Porque podes ser de 20 mil distintas putas maneras de acuerdo con la situación que se te presente. Y si queres que sepa como sos vos, decime como sos porque las adivinanzas en esta vida las hago yo.
Por último, porque no quiero robarte tiempo (viste como soy yo) y para que no pierdas toda la tarde leyendo (no te podes quejar) te cuento la frase que me dijeron hoy y por la que creí que iba a terminar usando mi puño por 1° vez. Salgo de la pileta, tengo que comprar mi almuerzo y no tengo dinero. ¿Qué hice? Sí, fui a un cajero –vos que sos re vivo, seguro adivinaste-. Cuando entré había un viejo intentando hacer andar uno de los 3 cajeros del banco. Se ve que no tuvo suerte, porque no pudo realizar la operación y volvió al principio de la fila, o sea, delante de mí. Bien, pensé, no anda. Listo, ahí finalizó mi análisis, no había mucho más para pensar. O sí, qué iba a comer. Pero en relación con el cajero, nada. Pues bien, dos cajeros estaban vacíos y un tercero, ocupado. Entró una chica, se paró detrás de mí y le preguntó al viejo “¿esos no andan?”(Se ve que yo soy invisible) “no”, contestó el viejo y agregó “Acá hay algo raro”…. “cuando hay 3 cajeros y 2 no funcionan, hay algo raro”.
Cric-cric-cric-.
¡La puta madre, señor! ¿Qué es lo que le resulta raro? Porque yo no entiendo demasiado de administración ni de matemáticas, pero cuando hay 3 cajeros y 2 no andan, lo único que hay es UN puto cajero que funciona! ¿No podemos quedarnos todos callados en la fila, esperando nuestro turno en lugar de comenzar con las teorías apocalípticas pelotudas de cómo el país y el mundo se van a la mierda y qué se yo cuánto más? ¿Por qué siempre tiene que haber alguien, mínimo una persona por entorno, que crea que el mundo se va a la mierda ante el menor acontecimiento desalineado? ¿Por qué no pensar que se rompieron 2 cajeros y que en este momento los técnicos no están disponibles, en lugar de pensar que en 5 minutos todos los cajeros de América van a quedar completamente vacíos?
El señor hizo su operación y, supongo que gracias a que tengo cara de pelotuda, antes de irse me aclaró a mí, que estaba primera en la fila: “ese sí anda”. Chocolate por la noticia señor!! ¿Se cree que me iba a quedar esperando por las dudas?
Puta madre, ya no se puede confiar en nadie….




viernes, 11 de noviembre de 2011

A mí la armonía se me va a la mierda enseguida...

Hubo un 01 del 01 del 01, un 02 del 02 del 02, un 03 del 03 del 03 y si tenes más de 10 años, los viviste, los transitaste a todos y cada uno de esos días.
Hoy es 11 del 11 del 11, guau, me cago en la originalidad. El tema es que esta especie de boludez de presagio mezclada con posibilidad de fin del mundo trucha, es poco menos que un día común. Analicemos un poco más la fecha: hoy es día 11 del mes 11 del año 2011. Epa, ¿qué pasó ahí? Yo veo dos intrusos, el 2 y el 0. En cambio, podría haber esperado que la gente se reuniera en el cerro Uritorco el 11 del 02 del 2011 o que hubiera resultado imposible casarse, porque la gente no solo elige los martes 13 para casarse y para refutar teorías baratas, si no también las fechas capicúas. Y esa gente, es gente como yo. Gente ‘contreras’, que se pasa las teorías por el culo y no le da bola a la gente que pierde el tiempo pasando por una agencia de lotería para jugarle al 11.
¿Por qué no ser más arriesgado y jugarle mañana al 12? Apuesto a que nadie va a apostar a esa. Por suerte el año solo tiene 12 meses, con lo cual nos queda solo un año más de pavada supersticiosa.
Aunque Ud. no lo crea, hoy miré el reloj de mi teléfono celular a las 11.11. Y eran las 11.11 de la mañana; ya a la noche no vale mirar, porque el número va a ser 23.11.
Miré el reloj y ¿saben qué? No pasó nada, absolutamente nada. Seguí haciendo la actividad grupal del orto en el posgrado. Una hora más tarde me informaron que me habían reprobado en un examen, ¿eso cuenta como un evento del más allá, del fin del mundo o de la puta que lo parió? Porque si es así, a mi el 11 me falló y la buena energía y la armonía se me fueron a la misma mierda.
Se nota que quedan pocas noticias por contar, porque los canales de televisión solo se ocupan de entrevistar a pelotudos que presagian boludeces de las que el año que viene, el 12 del 12 del 12, nadie se va a acordar. Además, ya vaticinaron 200 mil veces este año que se iba a acabar el mundo y no creo que muchos tengan eso en mente hoy.
Yo en cambio tengo en un rincón de recuerdos pelotudos e inservibles en mi cabeza, al lado de las fechas de cumpleaños de todos mis compañeros de escuela, cada nota pelotuda que se ha mostrado en un canal de televisión o que ha tenido un espacio en algún diario o revista. Recuerdo los ovnis que no fueron, las previas al 1º de enero del año 2000, los casamientos y vuelos los martes 13 y cuantas pavadas más.
Vos, ¿formas parte de esa gente? Digo yo, en lugar de perder tiempo pensando en que quizá esta noche se acaba el mundo, ¿por qué no salir a gastar los pocos o muchos mangos que se tengan, a compartir un rato con la gente que te cae bien o a tomarte una botella entera de vino del pico?
Yo decidir salir a comer afuera para festejar este “no” evento en mi vida, así es que acabo de terminar de barrer el patio y en un rato me siento a mirar el cielo y a disfrutar de ser parte de la nada del 11 del 11 del 11, que voy a vivir solo esta vez, porque se da cada 100 años.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

¿Por qué? Por qué? ¿POR QUÉ?!!!!!!!

Me pongo furiosa, los cachetes se tornan rojos, me empaco como si tuviera 5 años y pongo la peor cara de orto que tenga a mi alcance.
No quiero hacer trabajo en grupo. No me gusta. No lo soporto. Me revienta que me obliguen a socializar. Yo estoy haciendo un posgrado en el que me hice de UNA compañera. Y charlo, muy de vez en cuando, con 3 o 4 compañeros más, pero hasta ahí.
La semana pasada apareció una profesora nueva, dispuesta a cagarme la vida. Nos pidió que nos juntáramos de a 4 o 5 personas y que nos pusiéramos un nombre para poder trabajar todas las clases juntos. ¿Por qué? No lo entiendo, ¿cuál es la necesidad de hacer todo en grupo? ¿Lo hace el profesor para facilitarse la vida? ¿Lo hace porque alguien le contó que voy a morir de un ataque de furia?
En primer lugar me rompe las bolas que durante 2 horas un tipo al que le pagan un sueldo, se dedique a mirarte mientras vos discutis casos de mierda con tus compañeros. Ya juntarme con gente a la que no conozco ni me interesa conocer, es todo un esfuerzo. Pero además, ¿es necesario marcar este hito en mi historia universitaria con un nombre para el grupo? Ok, llamémonos ‘las primas’, que todo el mundo sepa que no nos tomamos esto en serio y ojalá a fin de año nos pidan que pasemos al frente, como en el colegio, a hacer una representación del nombre del grupo. No me van a querer ver nunca más en sus vidas cuando me aparezca con las calzas turquesas, la musculosa amarilla y cante con mucha desafinación “yo tengo una prima, que se llama Lupita!”.
Desde el momento en que la manada de alumnos sigue a la profesora , infiero que las últimas 2 horas (horas reloj) de cada clase voy a tener que sentarme con un grupo de mujeres con las que –por algo- antes no hablaba y voy a tener que discutir mis puntos de vista con ellas y llegar a alguna conclusión más o menos pensada y fundamentada, para obtener mi nota de concepto.
Ahora bien, ¿por qué tengo que compartir mi nota de concepto con 5 alumnos más? ¿Por qué no puedo sentarme sola, tranquila, leer al ritmo que a mí se me cante y plantear la solución a un caso según mi propio parecer? ¿Acaso cuando me vaya mal en el examen, alguna de mis compañeras de grupo va a transferirme parte de su nota para que no tenga que dar recuperatorio? NO, obvio que no, entonces yo tampoco tengo ganas de compartir mi maldita nota de concepto con ellas.
Convengamos que estos grupos, en la mayoría de los casos, no laburan en clase. La excusa es perfecta para que el profesor no haga más que caminar por el aula o se ponga a corregir o a hacer sus cosas pendientes. Los alumnos, mientras tanto, hablarán de cualquier pelotudez la mayor parte del tiempo y dedicarán los últimos 10 o 15 minutos a la resolución del caso dado.
Entonces, ¿por qué tengo que ser la única perjudicada que no quiere socializar y tiene que hacerlo de todas formas? Así como uno decide si se pone anteojos o no, porque ve más o menos las filminas en clase o lo que el profesor apunta en el pizarrón, así de democrática debiera ser la elección de trabajar en grupo. Si yo no necesito pensar con otro, si puedo sola porque mi cerebro labura 24 hs sin cansancio, si no me interesan un pito las opiniones de los demás, si no quiero ampliar mis conocimientos con experiencias de otros, si no tengo ganas de ser la ‘escritora’ oficial del grupo, si me parece una pelotudez lo que piensa el resto de los integrantes, si yo puedo resolver el caso en 20 minutos y dedicar los 40 restantes a leer una novela que tengo en mi bolso, si la persona designada para leer es muy lenta, si me cae mal la integrante que me toca cada vez que se dirige a mí, si hay una que no deja de chatear con su BlackBerry mientras yo intento pensar en la resolución del caso, ¿Por qué no puedo hacer lo que yo quiero y mandarlos a todos a la mierda? ¿Por qué tengo que tener compañeros? Si ya me borré de la cena de fin de año, si no tengo interés en engrosar mi agenda, si no quiero amigos. ¿Por qué señores? ¿Por qué?
Vine al mundo sola, si hubiera querido un compañero de aventuras, me hubiera esforzado por dividirme en dos en la panza y tendría un mellizo o un gemelo. Odio a la gente, ¿ya lo había dicho? Y a pesar de ello, la próxima clase voy a tener que sentarme a discutir casos con mis enemigos en esta vida; con la gente.
 

jueves, 27 de octubre de 2011

Yo te lo presto y si te gusta, te lo podes quedar!

Estoy sola en la oficina. Es un placer casi completo, aunque no debo perder la cabeza y tengo que permanecer atenta a que, en cualquier momento, puede llegar alguien que me saque de este lugar de felicidad inmensa.
Mi compañera fue a un curso, mi jefa a un reunión, mi compañero está en uno de sus días de “trámites personales” que se toma 3 o 4 veces por semana. Está bueno, se toma el día entero, ¿para qué escatimar en tiempo de ocio si puede no laburar directamente?
Es tan odioso que te dan ganas de escupirlo en la cara. El tipo se dedica a hacer negocios inmobiliarios como trabajo secundario al que tiene acá. Construye o algo así. En la oficina cumplimos horario de 9 hs, como en la mayoría de las oficinas en esta ciudad. El tipo entra 2 hs y media (promedio) más tarde que todos, prende su computadora, se sorbe un café y se levanta para ir a la puerta a fumar un cigarrillo . La fumata le toma una media hora. Vuelve a subir y a los 10 minutos anuncia que se va a almorzar. Sí, almuerza más temprano que nadie, pero vuelve a la misma hora que todos, con lo que su almuerzo dura un mínimo de 2 horas y media. Muchos días tiene que ir a hacer un “trámite al banco”, con lo que su horario de “almuerzo” puede llegar a durar 4 horitas.
El tipo tiene la edad de mi viejo (¡adivinala!), está casado, tiene 3 hijos tan piolas como él y por supuesto, su mujer es casi 20 años menor y se fijó en él, por lo canchero y lo “fachero”. Aclaro que todas estas apreciaciones son de él y no mías. Se la pasa contando lo "cojedor" que era de joven y lo irresistible que le resulta a las mujeres (¿de Marte?).
Cuando vuelve del almuerzo extendido, se trae otro café para sorber, a veces estira las piernas y duerme una mini siesta delante de nosotros y otras, se pone a hablar por teléfono. Por lo general, sus llamados son a agencias de viaje en la búsqueda de algún paquete para sus próximas vacaciones, a algún amigo para contarle el viaje que quiere hacer o a algún call center de alguna tarjeta de crédito, para canjear sus puntos por pasajes aéreos. Si llama a su madre, es para hablar 1 minuto, para decirle que no puede ir a verla porque está "muy ocupado" y para luego cortar y putearla.
Convengamos, este tipo labura como nadie. Dos horas antes de que termine la jornada, se para, da un par de vueltas, si tiene ganas baja a fumar y si no tiene ganas, directamente se va a la casa.
En definitiva, las horas que pasa en su lugar de trabajo no son más de 3. Obviamente, el tipo cobra más del doble de mi sueldo. ¿Mi jefa? Bien, gracias. Parece que el tipo es intocable y él se encarga de demostrarlo por donde vaya.
No solo a eso nos somete a quienes lo vemos a diario, sino también a sus comentarios muy soretes que intenta explicar que son “sin querer”. Uno de esos comentarios es a mi compañera, que no tiene donde caerse muerta, a quien le pregunta al menos una vez por semana: “Si tuvieras 20 mil dólares, ¿te comprarías unos pasajes a Grecia? Porque yo no me decido…”. A mí, que tengo ciertas alergias alimentarias conocidas por mis compañeros, siempre me ofrece algún producto que me da alergia y enseguida agrega: “ah, no, cierto que no podes”.
Los que no tienen desperdicio son sus comentarios respecto de la clase social baja, de la política y de la sociedad en general. Prejuicios le sobran, podría venderlos y llenarse de guita para seguir viajando a Grecia. Tiene un GPS personal, que le permite determinar quién de nosotros es vivo, quién sabe, quién es capaz de seducir y ganar, quién va a lograr algo en su vida y a quién le hace falta trabajar. Y siempre, siempre dice que "esto se va a la mierda" y que hay que comprar dólares e irse a vivir a otro lado. Es el hombre apocalíptico por excelencia.
Concluyendo, una verdadera pinturita como esta debería compartirse. Nadie puede pasar por esta vida sin encontrarse con una valor humano de tanta calidad. Yo quiero compartirlo, no me gusta la avaricia. Por lo que, invito a mis lectores a confirmarme si tienen un puesto vacante en sus lugares de trabajo y les mando esta joyita con GPS y todo.
Que terminen bien la semana, yo no podré hacer nada, porque tengo que hacer de cuenta que estudio!

jueves, 20 de octubre de 2011

Cruzadas sin onda

Si hay algo que detesto, es cruzarme con gente conocida. Lo bueno de las ciudades grandes como Buenos Aires, es que existen escasas -cuando no nulas- posibilidades de cruzarte con alguien.
Pues bien, heme aquí para burlar esa posibilidad y ser la puta excepción a la regla. Recuerdo hace años que me había dejado mi novio y yo estaba muy triste y muy deprimida. No quise festejar mi cumpleaños, no por depresión, sino porque no me gusta hacerlo (eso ya lo conté). Y luego de mucho tiempo encerrada, accedí a ir al teatro con una amiga. La obra estuvo buena, yo me distendí y cuando salí de la sala, sí, obvio, el muy hijo de puta había ido a ver la obra siguiente.
Puede pasar, puede fallar. Lo tuve que saludar, porque estaba en mi camino hacia la salida. Obviamente que esas situaciones son una mierda por donde se las mire, porque inevitablemente me pongo nerviosa, me tiemblan las manos, los cachetes se tornan de un rojo intenso y la cantidad de boludeces que salen de mi boca son incalculables. Además, pase lo que pase en una situación así, me la voy a reprochar de una manera u otra y voy a sentir que el otro me vio de la manera exactamente contraria a como me hubiera gustado que me viera, en todo sentido.
Por suerte los superé, al momento y a mi ex. Pero no suelo ser amiga de los encontronazos con gente con la que he tenido un problema, una pelea, ni con gente que nunca me cayó bien o de la que no recuerdo su nombre y que recuerda hasta el talle de mi calzado.
Sin embargo y teniendo en cuenta que soy una excepción caminando, en esta ciudad inmensa siempre encuentro la posibilidad de ser vista. Me gustaría ser invisible en esas circunstancias, así puedo mirar yo y a mí nadie me ve. Porque cuando suceden esos encontronazos, afloran todos mis complejos y me defiendo con todos mis prejuicios.
La semana pasada, por ejemplo, tomé el colectivo para ir a trabajar. Está claro que, más allá del maquillaje y de la ropa recién puesta, las 8 de la mañana no es el mejor horario para cruzarte con nadie. Menos aún, si ese alguien es poco querido por vos o es un enemigo o una antigua parte de tu pasado. Igual debo aclarar que me sentí invadida, porque si alguien decidiera hacer un sondeo de la gente que viaja a diario en la línea de colectivo en la que yo viajo, podría saber enseguida que yo tenía más derecho y antigüedad para estar donde estaba y que no era precisamente la intrusa en la situación.
Además, eso de tomarse el colectivo por un par de cuadras me parece de cuarta. La cuestión es que era uno de esos días en los que viajaba sin libro y sin auriculares puestos, por lo que iba atenta al entorno. Y en una de las últimas paradas (¡qué descaro!) escuché un “hasta Florida…” en una voz de pelotuda grande que se hace la seductora y enseguida reconocí a una turra que había sido compañera mía en la primaria y la secundaria y a quién -aclaro al pedo- detesto. Fue como si el tiempo no hubiera pasado, tenía la misma voz de hija de puta de siempre. Y, como era de prever, estaba bien a la moda, como sacada de la Cosmopolitan. Se había hecho ese jopo de onda que también usaba en la secundaria (y que yo nunca usé porque tengo mucho rulo), tenía pantalones del color de onda, un piloto de onda (porque encima llovía), cartera de onda y caminar de onda. Lo que nunca va a tener es onda por sí sola, por eso debe jugar a imitar a las modelitos de la revista. Y la muy puta estaba flaca, tan flaca que me daban ganas de cagarla a palos. No voy a ponerme en un lugar de mierda ni a describir cómo estaba yo. Pero basta con deslizar que afloraban mis complejos y sobraba mi actitud. En ningún momento la miré y ella se cansó de darse vuelta para verme. La mal nacida estaba sentada al lado de la puerta y yo, más atrás, casi al fondo en un asiento que (la puta que lo parió) es más alto que el resto. Y no me equivoco, sigue siendo tan forra como cuando era chica porque, al llegar a la parada, la yegua me esperó a que bajara y bajó detrás de mí. Antes se encargó de mostrarme su sonrisa socarrona, que vi de reojo porque no pensaba darle el gusto de demostrarle que la había visto. Seguramente quería ver que mi culo era más grande que el de ella.
Chocolate por la noticia turra! Me lo hubieras preguntado y te lo decía, ‘sigo teniendo el culo más grande que vos’, pero además de acumular cachete trasero, acumulé un par de cosas más.
¿Vos? ¿Hace mucho te tomás esta línea? Porque esta línea no es para modelitos turras con cara de caballo. La próxima vez que te veo arriba del colectivo… me bajo. Pero me bajo antes de que llegues a verme el culo, grande, pero siempre en alto.
Comprate una onda, turra. Te odio. Y tanto hueso te queda mal, sábelo.

jueves, 13 de octubre de 2011

Tomate un mate chamigo, pero que no sea conmigo

Tomar mate no es de sociable ni de amigos, es de asquerosos. Hace un rato pasé por la cocina de la oficina para cambiarle la yerba al mate y el paquete de yerba no estaba ahí, donde suele estar. Entonces pensé: ‘si le digo al pibe de los mandados que no encuentro la yerba, la va a encontrar él y me va a pedir un mate. Si no le digo, me quedo sin tomar…’. Bien, le dije al pibe de los mandados que la yerba no estaba en su lugar y la buscó y me la dio.  Resultado: me pidió un mate y tuve que convidarle.
Ahora siento arcadas. No quiero compartir mi mate, me da asco compartir mi mate. La bombilla es como una parte íntima de uno y no necesito explicar que todo lo que sube del mate puede volver a bajar al mate, en el proceso de succión que utilizamos para beberlo.
Yo me banco mis fluidos, pero los de los demás no me los banco ni en pedo! Cuando era chica tomaba mate bien de la punta de la bombilla, para evitar tener que chupar el mismo lugar del que chupaban otros. Y tengo un lunar en el labio inferior, que insisto en contar que en realidad es un pedacito de yerba que me quedó de tanto tomar de la punta de la bombilla.
 ¿A quién se le ocurrió crear una bebida tan comunitaria? ¿No podrían haber creado un mate con una bombilla por cada tomador?
Porque puedo sonar ‘fifí’ al plantear que no quiero convidar ni compartir un mate, pero los quiero ver a Uds. enfrentándose a una bombilla llena de restos de galletitas que otro comía mientras tomaba mate y que, muy amablemente, luego te pasó a vos.
No hay mucho más para decir, simplemente quería expresar mi descontento con la bebida. El mate compartido es un asco. La gente que comparte mate es asquerosa. Si comparto mi mate, lo comparto reglas de por medio, que implican la prohibición de dejar restos de comida y/o fluídos en la bombilla y que obligan al tomador a limpiarla antes de devolver el mate al cebador. No me gusta compartirlo y si por eso me convierto en una persona más antisocial, festejo por eso!!!! Y levanto mi mate para brindar por todos los antisociales que no compartimos el mate, porque se nos canta!

miércoles, 12 de octubre de 2011

Resurgir, antes de morir de miedo

Siempre creo que escribiendo voy a poder deshacerme de lo que me estorba y así, voy a poder avanzar. Por eso escribo –principalmente- acerca de las cosas que me molestan y que me doy cuenta que no soluciono hasta que no exteriorizo y expreso.
Entonces voy a probar con estos miedos que me están acorralando en un rincón tan pequeño de mi pequeño ser,  que dificultan mi respiración, me provocan vértigo y me tienen a la deriva.
Últimamente me olvido de parar, al menos una vez al día y de pensar un ratito en mí y regalarme 5 minutos. Últimamente todo sale de manera automática y frenética, con una velocidad que da miedo y que no llego a percibir, porque estoy concentrada en tener todo hecho y todo listo, sin saber para qué.
El problema es que tanto apuro y tanta corrida han comenzado a enfermarme. Y yo no me canso de repetir que no tengo tiempo para enfermarme, por eso sigo y sigo y sigo. No logro llegar a 'saborear' lo que hago, a encontrarle el gustito, la razón por la cual empecé a hacer lo que hago.  
Como no hay tiempo para parar, busco recetas mágicas para quitarme de encima todo lo que no puedo resolver. Pero las cosas se acumulan y acumulan, como las carpetas en mi escritorio y cada vez son más las cuestiones pendientes y cada vez mayores mis miedos.
Estoy encerrada en un placard de una puerta y no me animo a prender el foquito que cuelga con la cadenita que lo enciende, por miedo a encontrar a alguien más ahí. Siento que esta vez no estoy sola ahí, siento que sin darme cuenta arrastré a otra persona y no quiero verla, para no sentirme más culpable de lo que suelo sentirme a diario, por casi nada.
Me tiembla el cuerpo, tengo ganas de llorar, pero nadie lo va a percibir jamás, porque no hay tiempo para eso y porque el miedo no se va a ir por ponerme a llorar.
Me gustaría poder abrir la puerta del placard y salir a la habitación, que la habitación tenga una ventana que yo pueda abrir y que por ella entre aire puro que pueda respirar y un rayo de sol que me permita disfrutar el hoy y pensar en el mañana.
Soy tan infinitamente rica, tan llena de cosas y personas hermosas a mi alrededor, que no entiendo en qué momento y en qué lugar decidí olvidarme de eso y comencé a prestarle atención a las banalidades a las que mucha de la gente contra la que despotrico se encuentra atada. Quiero recuperar la visión de esa riqueza que me rodea y necesito hacerme de alguna herramienta para lograrlo.
Por eso, voy a poner en práctica una serie de ‘consejos’ que encontré por ahí, de todas las cosas que yo no hago y que me han dejado en ese placard. Los invito a que Uds. también pongan en práctica, al menos una de todas las premisas de la lista (el subrayado me pertenece):
20 LECCIONES PARA LOGRAR UNA BUENA CALIDAD DE VIDA
1) HAGA una pausa de mínima de 5 a 10 minutos por cada 2 horas de trabajo, a lo máximo. Repita estas pausas en su vida diaria y piense en usted, analizando sus actitudes.
2) APRENDA a DECIR NO, sin sentirse culpable, o creer que lastima a alguien. Querer agradar a todos es un desgaste enorme.
3) PLANEE su día, pero deje siempre un buen espacio para cualquier imprevisto, consciente de que no todo depende de usted.
4) CONCÉNTRESE en apenas una tarea a la vez. Por más ágil que sean sus cuadros mentales, usted se cansa.
5) OLVÍDESE de una vez por todas de que usted es indispensable en su trabajo, su casa o su grupo habitual. Por más que eso le desagrade, todo camina sin su actuación, salvo usted mismo.
6) DEJE de sentirse responsable por el placer de los otros. Usted no es fuente de los deseos, ni el eterno maestro de ceremonia.
7) PIDA AYUDA siempre que sea necesario, teniendo el buen sentido de pedírsela a las personas correctas.
8) SEPARE los problemas reales de los imaginarios y elimínelos, porque son pérdida de tiempo y ocupan un espacio mental precioso para cosas más importantes.
9) INTENTE descubrir el placer de cosas cotidianas como dormir, comer y pasear, sin creer que es lo máximo que puede conseguir en la vida.
10) EVITE envolverse en ansiedades y tensiones ajenas, en lo que se refiere a ansiedad y tensión. Espere un poco y después retorne al diálogo y a la acción.
11) SU FAMILIA NO es usted, está junto a usted, compone su mundo, pero no es su propia identidad.
12) COMPRENDA qué principios y convicciones inflexibles pueden ser un gran peso que evite el movimiento y la búsqueda.
13) ES NECESARIO tener siempre a alguien a quien le pueda confiar y hablar abiertamente. No sirve de nada si está lejos.
14) CONOZCA la hora acertada de salir de una cena, levantarse del palco y dejar una reunión. Nunca pierda el sentido de la importancia sutil de Salir a la hora correcta.
15) NO QUIERA saber si hablaron mal de usted, ni se atormente con esa basura mental. Escuche lo que hablaron bien de usted, con reserva analítica, sin creérselo todo.
16) COMPETIR en momentos de diversión, trabajo y vida entre pareja, es ideal para quien quiere quedar cansado o perder la mejor parte.
17) La RIGIDEZ es buena en las piedras pero no en los seres humanos.
18) Una hora de INMENSO PLACER sustituye, con tranquilidad, tres horas de sueño perdido. El placer recompensa más que el sueño. Por eso, no deje pasar una buena oportunidad de divertirse.
19) NO ABANDONE sus tres grandes e invaluables amigas. Intuición, Inocencia y Fe.
20) ENTIENDA de una vez por todas, definitivamente y en conclusión....
...Usted ES LO QUE USTED HAGA de USTED MISMO.

¿Cuanto miedo tenes vos? ¿Cuánto tiempo perdiste por nada?


jueves, 6 de octubre de 2011

La vida 5.0 (y la cantidad de enemigos que me voy a ganar)

Creo que no hace falta aclarar que estoy muy lejos de tener mi propio libro de caras (mal llamado ‘Facebook’ por un par de personas, miles más, miles menos) y mi propio gorjeador o pio-piador (sí sí, twitter no tweety). No los entiendo, no me entienden a mí, no nos entendemos ni nos hacemos falta.
Tampoco hace falta aclararme a mí misma que estas dos ‘herramientas informáticas’ son muy usadas hoy en día y que mucha gente no puede vivir sin ellas. No cuestiono eso, quizá si les encontrara utilidad, las tendría. De hecho, tengo una cuenta de libro de caras, que de vez en cuando abro para publicar algo del blog, pero que no es muy visitada ni me cambia demasiado la vida.
Sé que si tuviera mi cuenta de gorjeo estaría tres veces más loca de lo que estoy, porque viviría indignándome con peleas pelotudas que tiene la gente –mayormente de la farándula- por temas bastante intrascendentes. Y para escuchar ese tipo de peleas o ‘discusiones’ en el mejor de los casos, prendo el televisor y me lleno el alma de boludeces.
Ahora, un libro de caras es todo un tema y si encima es público es un temaso! No puedo imaginarme publicando fotos de mi vida privada y mucho menos, comentando esas fotos. Ni que hablar de estar tan al pedo como para ponerme a escribir “tomando mate” o “caminando con amigas” o “cenando con mi novio” o “leyendo un libro de geografía”. Se me ocurre que una persona que publica tanto dato de su vida no tendría problema en abrirle la puerta de su casa a cualquiera y brindarle una guía turística de sus emociones, sus relaciones, sus alegrías y sus tristezas. Y me resulta triste que alguien pueda necesitar abrirse tanto a los demás. Digo “abrirle la puerta a cualquiera” porque cada uno tiene una red de amigos, que a su vez tiene amigos, con amigos de amigos de amigos. Por lo que, en 5 minutos tu libro de caras puede tener 500 contactos, pero vos solo tenes relación directa con 15 como mucho. El resto es relleno, chusmerío, ganas de que te vean los conocidos o los amigos de los tíos de los hermanos de los primos de la vecina de algún ex.
Es decir, si yo estuviera tomando mate, estaría tomando mate. Si estuviera caminando con amigas, estaría charlando con ellas, interactuando con ellas. Si estuviera cenando con mi novio, estaría charlando con él, riéndome, compartiendo lo que hago con él y si estuviera leyendo un libro de geografía, mínimamente estaría concentrada. Además, si estoy con esa gente a la que quiero y que me quiere, ¿a quién sorete más le puede importar lo que yo esté haciendo?
Y por otro lado, toda esa gente con la que estoy compartiendo ese momento en el tiempo, ¿sabe que estoy haciendo público lo que estoy haciendo? ¿Sabe que estoy conectada a un dispositivo a través del cual miro lo que otros hacen y cuento lo que hago, que involucra a otros?
Ese otro, ¿quiere formar parte de la publicidad que yo hago de mi vida? Sinceramente, me resulta una cagada atómica pasar a formar parte de la publicidad que un tercero hace de su vida, involucrándome. Por algo no tengo mi libro de caras.
Además, en serio, ¿a quién le importa realmente si estoy tomando mate o estoy laburando o estoy cenando? Tendría que importarme a mí y a los que están conmigo. Los que estén prendidos a su libro de caras a cualquier hora, mirando lo que otros escriben en sus libros de cara, evidentemente tienen mucho tiempo de sobra y muy pocas cosas para compartir con gente ‘en vivo y en directo’ o se coparon con la idea de que todo el barrio sepa a qué hora se van a tirar el próximo pedo.
Sinceramente no me interesa demasiado el porqué de tanta publicidad, más bien me da un poco de tristeza. Ojo, mucho más triste debe ser estar frente a un monitor clickeando el mouse en “Me gusta” a todo lo que publican otros. Eso sí que es miseria pura. Pero bueno, para levantar el ánimo está mi blog, siempre pum para arriba, innovador y cero marquetinero.
De última, cada culo en su inodoro ¿no? Y, nuevamente, “to another thing, butterfly”.